martes, 12 de agosto de 2014

Acción colectiva

Salida de la escuela rural de Balepipi, oeste de Camerún
Una mamá del África rural subsahariana caminaba cada amanecer (a las cinco, más o menos) con sus herramientas de campo sobre la cabeza. Su cuerpo, reclinado hacia el suelo, me hablaba de sus años de trabajo y su cansancio. Sus pies se veían pedregosos, como si la tierra se hubiera ido instalando entre las grietas de sus dedos hasta formar un solo bloque con su piel. El terroso de sus telas me dejaba sólo imaginar lo que un día fueron en su traje brillantes colores (amarillos y verdes, rojos y naranjas, como lucen en las mujeres jóvenes de la zona). Sus arrugas eran pliegues de fatiga que cubrían toda su negritud. ¡Qué mayor era, por las diosas del Olimpo! Cada mañana salía para volver al anochecer, más pesados los huesos por el cansancio, más pesadas las telas por la tierra pegada...


Un día, me decidí a preguntarle, con ayuda de la traducción de otra mamá más joven que conocía algo de francés, que por qué una mujer tan anciana como ella seguía trabajando en algo tan duro, cuando lo habitual es que las mujeres más jóvenes fueran quienes trabajasen el campo. (Yo pensaba entonces que no tendría descendencia, pero... seguía sin entender por qué trabajaba tan lejos de su casa en terrenos tan grandes...) La mamá anciana, entre una sonrisa desdentada y un par de palmadas con baile (de ésas que dan las mamás de la zona rural), me contestó: si ella no cultivaba el maíz tendrían que hacerlo sus hijas solas, y sería mucho más dura la tarea para ellas. Por eso, mientras ella tuviera un mínimo de fuerza, la sumaría a la de sus hijas para que ellas tuvieran menos trabajo. 


Mi sonrisa y mi admiración terminaron con mis dudas sobre el porqué de que aquella encorvada mamá siguiera caminando con su herramienta cada mañana. Y además, me resolvieron otra duda que ni siquiera me había planteado antes: el de dónde saca la fuerza para seguir empleando su cuerpo en la pesada tarea del campo, ese amor solidario hacia sus hijas, ese esfuerzo por procurar que otras estén mejor...


Y ya veis, que en África una no ve solo cosas hirientes.

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Conozco demasiadas miradas de víctimas
de sistemas opresores vigentes,
miradas de personas y personitas
que sufren cada segundo respirado,

conozco sólo unas pocas, sé,
pero ya son demasiadas para mí.
Admiro su valentía y fuerza,
su trabajo y su impulso por seguir,
su silencio responsable y sus
actos transformadores de sus días.

Y ahora ya,
me siento tan impregnada de
lo más jodido, y de lo más valiente
que se desprende de los mundos
de lxs aplastadxs por la violencia,
que cada vez me cuesta menos
deshacerme de las llantinas acomodadas.

Hay una revolución
dentro de cada una de nosotras/os,
no me es importante que estalle,
sino que de su eclosión nazcan
frutos positivos. Para ti y para el mundo,
el mundo más allá de ti. El nuestro.

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En la elección entre la miseria y la valentía
me quedo con lo valiente, con el coraje,
la fuerza, el ánimo y la superación
vista y sentida
desde las luchas en la Cañada Real
hasta las perdidas en la tierra
de las personas oprimidas,
y en la tierra de las mujeres...

¡Ay, Valentía!
Referentes positivos, una vez más.
Lejos quiero ese
llanto histérico del colono desorientado
que no entiende por qué está triste.

Y me digo
que quien no encuentra su paz
en tiempos de paz
quizás será quien me mate
en tiempos de guerra.

Pero hay mucho campo que cultivar,
y no quiero que mis niñas lo hagan todo.


Salud y solidaridad.
Un abrazo enorme.
-Isa-

miércoles, 23 de julio de 2014

Camino a Getafe...

En la Renfe, camino a Getafe. El vagón semivacío y la puntualidad europea.


Sol y calor afuera, aire de hielo dentro. Trajes planchados y maletines negros.


Voy camino a Getafe, salgo del Metro. Esta ciudad-escenario no puede conmigo, con esta fuerza que llevamos dentro.


 Madrid, 23 Julio.

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Mi amigo está aquí.
Voz inacabada,
acabándose en mis oídos que 
mi cerebro interpreta
como palabras completas.

Mi amigo está aquí,
en la negritud de 
sus hermanos, míos lazos
que fortalecen ese hilillo 
de voz que desde la distancia
nos une.

Mi amigo está aquí,
sentado en estos sillones
de telas limpias
y amplios espacios
(¡cómodos vagones!),

surcando conmigo,
dentro de mis ojos,
esta ciudad roja de
ladrillo ahumado
por la boina de gases
y el ruido del tráfico.

Mi amigo está aquí,
en el miedo duro
del peligro humano,
en la gota gorda
que colma mi vaso;

está en las presiones
constantes del pecho
cuando veo tanto,
cuando veo lo ciego
de este mundo blanco
donde vamos muriendo.

Mi amigo está aquí,
como de este bolígrafo
que escribe un tintero,
inyectando fuerzas
al día que es nuevo,

estallando en ganas
y esculpiendo versos
de cambio de días
y fuerza de sueños.

Mi amigo está aquí,
sentado sin cuerpo
a mi lado, en el metro,
brillando sus ojos,
guiñándome un gesto,

recordándome siempre
que aunque estemos lejos,
la unión como gente,
la unión como pueblo
traspasa fronteras,
lo blanco y lo negro:

traspasa murallas
y se une en los sueños,
y se une en los versos.
Sí. La poesía es un arma
cargada de futuro.
Amigo, te quiero.


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Llego a un punto tal que mis días no vuelven a ser nunca solo míos. Mis días son nuestros. Vivencias que dejan huellas imborrables, y que siento y acaricio, como recuerdo, para avanzar y avanzar, aprender y coger fuerzas renovadas. Cada dificultad es uno de tantos retos. No van a pararnos.

Mucho cariño, que es gratis (de lo poco gratis de esta urbe).

Cuidemos de la gente buena.

-Isa-

martes, 17 de junio de 2014

Alas a la inteligencia

Programa Tardes de Ocio, orfanato de Logpom, Duala
 
¿Cómo alcanzar el máximo desarrollo
encerrado en una jaula de gritos,
cómo expandirse la inteligencia por el aire
anclada por las manos a los cubos?
(Cubos de agua pedregosa y densa
necesarios para superar los días)

¿Cómo desatar la sonrisa de lo culto,
el placer de generar algo creativo,
cómo sentir alegría desde dentro
prisionera de las puertas y los muros?
(Muros de piedra agrisada y firme
que separan esa casa de la vida)
...
Tras la gélida compuerta de tus labios
comprimidas bocanadas de suspiros
se entremezclan con las perlas de tus dientes,
y las tragas, siempre haciendo ningún ruido.

En las piedras sostenidas en tu rostro
hierven mares de tristeza contenida,
lloran miedos de una infancia reprimida,
el deseo de querer ser cualquier otro.
  
Y tus dedos, apiñándose encerrados
entre ellos, que se muestran como puños,
atraviesan a cualquiera que te mire
gritando la desolación de tu futuro.
Y tu rabia.Y la mía.

...

Tu cuerpecito de infancia,
de meses aún contables,
como un volcán que no estalla
me cuenta tantos detalles...

Yo los leo. Mientras trabajas
en los ratitos que para ti he pensado,
mientras te vuelves niño,
y tu sonrisa nace.

Manejando materiales y herramientas
que ignorados hasta entonces existían
compruebo tu genio nuevo,
tu inteligencia crecida.

Liberándose los golpes
en dibujos y grafías,
formas, bailes o colores,
renaciéndote a la vida.
Por primera vez, te veo niño.
Por primera vez, te veo niña.

 ...

Son sólo ratos. Desvaneciéndose
entre la asfixia de los días.
Soy yo marchándome,
tú odiándome, vuelta a la rutina.
Tú, siempre te quedas.

Yo, reinventándome,
rumiando fuerzas de donde puedo,
fortaleciéndome
para crear algo más grande, algo nuevo.
Pero no puedo nunca nunca olvidarte.

Estás presente. Tu miedo frágil,
tu cuerpo enfermo, tu sufrimiento:
silencio espeso que te persigue
en todo momento.
Tú eres mi base.

No te prometo
que en el futuro vuelvas a verme
o que tu vida
pueda cambiarla en algo más digno;

yo no te miento:
las dos sabemos que de lo injusto
bebes muriendo,

que es tu alimento,
que aun de veneno y podrido por dentro
no tienes otra: o eso,
o a los huesos del cementerio.

Mas, sin embargo,
puedo decirte sin temblarme los labios
que aunque me pese el hierro diario,
voy a intentarlo.

Alumna de la Escuela Infantil de Bambi (pueblo de Balessing), zona rural del Oeste de Camerún






La educación es la base, la base que garantiza la existencia de personas más libres y autónomas, más capaces de gestionar sus problemas y más creativas para generar soluciones. La educación es la base, la base que permite ampliar la perspectiva del propio mundo y descubrir su diversidad, la base que permite elegir la forma de desarrollar el propio proyecto de vida. La educación es la base, la base del pensamiento libre, creador, positivo, inteligente y responsable con las otras personas de la comunidad. La educación es la base que posibilita el humor, la risa, la liberación de la esclavitud forzada, la superación de la opresión intelectual (¡y física-política!). La base para generar un cambio de estructura, de valores, de parámetros que estructuran el mundo tal y como está mantenido ahora.

Quiero una educación en valores,
una educación que respete a las personas,
una educación que fomente el desarrollo comunitario
favoreciendo la realización de los individuos.

Quiero el fin de la educación colonialista en África,
quiero escuelas donde la lengua maternal sea una riqueza
y no un pecado,
quiero niñas y niños que al salir de la escuela
sean más libres, y no tengan miedo.

Quiero que toda la potencia y la fuerza
de millones de niñas y niños
pueda explotar en actos creativos
que revolucionen las carroñas asentadas
durante siglos,

y que nunca más lluevan los golpes
sobre las pequeñas espaldas fatigadas,
y que nunca más una estudiante
deba abandonar por obedecer a un hombre,
y que nunca más sea la falta de medios económicos
la que impida a un joven genio deslumbrar al mundo.

Demos a las inteligencias del mundo
las alas que les han sido
enclaustradas.

Y aprovechemos nuestras posibilidades.
Mucho amor, ahora desde lo blanco.
-Isa-

miércoles, 4 de junio de 2014

Vida políglota...

Hablando, simples
humanos que comparten momentos
de bienestar o dolores,
que comparten palabras.
Personas hablando
las lenguas humanas.
Y esa comunicación
que subyace
a todas,
esa comprensión de los códigos
sin grafismo ni fonemas,
esa comunicación táctil
y de miradas.
Ay... Las lenguas.
---

Riendo, aprendiendo
lenguas,
políglotas maneras
de generar
versos de vida.

Sólo los matices
los acepto
al saber las distintas
lenguas.
Matices de significado,
de contenido
pero también de visión
estética del mundo.

Poliglotía, diosa
de la comunicación
humana,
es en tu diferencia
donde reside tu grandeza,
tu plural forma
de comprender e intervenir
en el mundo.


Cuantas más lenguas
conozco, más enredado veo todo,
más la interconexión
de mundos,
más la unión
entre culturas,
más humano veo al humano.

Lengua como herramienta
de adentrarse
en otra tierra,
en algo íntimo
en un yo nuevo,
nunca antes expresado.
Lenguas que se tocan.

¡Que se vayan las puristas
del lenguaje,
que se vayan académicos
parados,
que yo quiero lenguas vivas
en las calles,
lenguas nuevas,
lenguas que en los días
siempre nacen!

Colonos que imponen lenguas,
ya pensamientos,
estructuras de organizar
el entorno,
guías vocales para denominar
los días, los trabajos
los estudios sobre el mundo.
Colonos con sus blancas lenguas.

¡Políglotas momentos,
llegad ya, venid ahora!
Mezcolanza de colores
en las letras,
brillos, mates, aromas
a agua y a tierra
que no pueden encerrarse
en el lenguaje.

..

El martillo sólo tiene sus funciones
limitadas,
otros, con otras funciones,
permiten nuevas hazañas;

así, la lengua es herramienta
para generar la vida,
para construír momentos
de intercambio de lo íntimo,

así,
cuanto más llenes tu caja
de lengüetas y lengüillas
más puertas irás abriendo,
es sencillo:
poliglotía.


En tres días vuelo a ese lado,
¡¡hasta pronto!!

Os quiero y os deseo lo mejor,
-Isa-

domingo, 25 de mayo de 2014

Hay que seguir

I

Apareces,
como un vendaval, con frescura,
inundando todo con tu presencia
seria y firme;

renuevas el aire,
oxigenando vidas de latigazos
y frustraciones,
dando ejemplo con tu trabajo.

Permaneces,
observando cada gesto interesado
y mezquino de tu entorno,
callas mucho y hablas justo;

sufres sola/o,
y por dentro llueven truenos
que reflejas en tus ojos:
yo lo veo. No estás solo/a.

---

II

Resiste, porque si tú resistes a mí me das fuerzas,
porque con tu rutina generas conciencia,
resiste, siempre, porque nosotras/os sabemos
que sí merece la pena.

No desesperes en el camino frustrante del día a día,
sigue, a por ello, porque tu lucha tiene sentido,
tu lucha es mía.

Ya te lo dije, hoy lo repito: ante la duda, persevera,
porque eres grande en gestos pequeños,
porque es tu esfuerzo lo que hoy crea
alimento nuevo para nuevos sueños.

Estamos cerca.

---

III

No tengas miedo.
No hay quien destruya lo que sabemos:
el buen trabajo, el nacer de cero,
que en cada golpe, siempre aprendemos.

Cuando tus manos
sean fuentes blandas de agua de nervios
y tus rodillas bailen deprisa, bailen de miedo,
cierra los ojos,

siente la fuerza que llevas dentro,
siente mi hombro cerca del tuyo,
porque, aunque viejos/as sean nuestros cuerpos
no estamos muertos.

Lo que tú ahora estás sintiendo
muchas personas, en otros tiempos,
ya lo sintieron, y con su ejemplo nos demostraron
que sí podemos,

que aunque nos duela y desesperemos,
son sólo eso: duros momentos,
que superando días de duelo
vamos creciendo.

Y lo alcanzaremos.

---

IV

Es tu cara
un libro negro donde puedo leer
injustos momentos que te han hecho llagas,
pero aún resplandece;

es tu mirada
un lanzallamas retenido en su base
mezclado con tinta de dolor permanente,
y un sol marchitándose;

son tus palabras
verdades hirientes para gentes corruptas,
inicios violentos de medidas injustas,
son tempestades

necesarias ahora en esta calma inventada,
que reprime el latido de la vida que nace,
que reprime tus ojos, que reprime tu cara:
tus palabras son siempre para mí necesarias.

Nunca las calles.

---

O la fuerza o la decadencia. Sólo decido cambiar mi mirada para soportar sin llanto la realidad que desangra, y me centro en la fuerza, transformando mis odios en acciones concretas, escuchando a la vida que exige respuestas: respuestas de lucha, nunca más ya respuestas de queja.
He descubierto el engaño triste de la vida agónica, en la cual nos sentamos a repetir los males globales, los males repetidos, los males y los muertos/as. He descubierto la verdad de las gentes que construyen mundo, la intrahistoria cansada pero que nunca abandona, las vidas entregadas a combatir los abusos. Y ahí están las mías, ahí están los míos. Yo ya no quiero sino centrarme en ellas/os, centrarme en las vidas de miradas de fuego que no mira nadie, pero que con su calor hacen del transcurrir de los días algo menos plomizo, algo más bueno.

Y no os engañéis,
sólo depende de nosotras/os elegir con qué/quién quedarse.
O las referencias positivas, o la decadencia.

Mucho ánimo, familia.
Un poquito de paciencia,
que en dos semanas llego,
y necesito mi tiempo.

Os quiero.
Gracias.
-Isa-

lunes, 5 de mayo de 2014

Por la ilusión oprimida

Los días pasan... vivimos.
Pasan los cielos estrellados y los soles nublados que dejan gotas en las grandes y verdes hojas de los campos que veo crecer cada mañana. ¿Cuánta vida es necesaria para que nos demos cuenta? ¿Cuánto más?

I

Desabrochando miedos,
quitando prejuicios sobre los 'debe ser'
y mirando a los ojos rojizos del atardecer salvaje...
ahí me encuentro, aquí.

Liberando la rabia
en un grito berreante
que el viento difumina entre los ruidos
del mercado. Aquí.

Huele a tierra removida,
a huellas haciéndose paso:
soy yo naciendo
por primera vez a un mundo nuevo.

Ya no me importa la rima,
ahora no. Ni el número exacto.
La sílaba es sólo
una parte, no es palabra completa.
(¡Para llegar a ser palabra...!)

Desarrollando el talento
y bombeando todo el cuerpo.
Ya no, no es necesario ahora.
Se ha desvanecido el miedo.

Músicas del mundo,
verdes y marrones, cielos.
Nubes espesantes, lluvias.
Baile de pantalón rajado.
Para luego, silencio.

No me importa, ya no,
ahora estoy fuera del cuento,
como una escritora atenta,
generando pensamiento
en actos, en días que vivo.

Y es siempre lo mismo,
en distintas formas:
vida, momentos, sueños,
ganas de pasar viviendo
el menor dolor posible
y el máximo bienestar.

Comprendo, mientras vivo,
comprendo intentándolo.
Comprendo, entiendo poco
pero poco a poco crezco.
Estoy ahora aquí, sintiendo.



A las ilusiones quemadas

Tres años de vida. El marrón de la tierra colorea el otro más oscuro de su piel, como tiza acartonada. Balanceo nervioso de piernas sobre la sillita de madera. Ojos clavados en la maestra, lanzados como buscando agarrarse a lo nuevo por aprender. Palmaditas de emoción y alguna risotada con sus iguales-pero-nunca-iguales. Deseo de aprender, cosquilleo ilusionado. Y de repente: ¡PUUUUUUUM! Bofetada de realidad latigante. Deseo frustrado. Llanto ardiente desde dentro y ahí encerrado. No puede salir, está obligado a reprimirse.

Hija de los pobres. Escritura en el cuaderno desgastado de cuadrados pequeñitos y tapas de aire. El viejo zapato como hoja afilada quema, doblado bajo el talón agrietado. Duele, pero no hay tiempo para esas pequeñas quejas. ¡ZAS! Vuela el cuaderno por el aire de barro arrastrando enganchada la esperanza de poder continuar estudiando. La herramienta de madera y hierro cuelga de su hombro, hundiendo con los años los hombros y la vida. El campo es la opción forzada.

Pueblos arrasados por la pobreza impuesta. Pueblos son personas. Pueblos son miradas, ilusión de inquieta infancia arrancada con violencia. Viola, viola vidas la violencia. Y tú, ahí. Y yo, aquí. Haciendo qué, haciendo mundo.

II

No hablo de mí, hablo del mundo,
de ese mundo del que no se habla
entre los que decimos que sabemos
del mundo. Y no sabemos nada.

Esas tantas vidas,
tantas niñas y niños,
juventud, latir de la tierra,
madurez de mujeres y hombres
buenos, buenos y buenas,
buenas y pobres.

Esos tantos latires pausados,
precipitados a la rutina
del trabajo y la pesantez
de los días,
vida de llagas.

Vidas de sabios momentos,
de represión contenida.
Y luego, tantas otras vidas insípidas,
vacías de pesos,
llenas de mentiras.


Yo no lo sé... no tengo la respuesta.
Sólo consytruyo y deconstruyo cada rato,
sintiendo una calma y una fuerza que me abre nuevios frentes,
como queriendo mirar más, no conformarme.
Mi inteligencia crece, y a veces se difumina en las acciones cotidianas en las que me pierdo. Siento muchas cosas, como viviendo en dos planos diferenciados. Como sabiendo de los dos mundos que son muchos mundos. Mucha muchedad, ya...

No sabemos casi nada,
pero podemos aprenderlo casi todo.
Y en ese campo jugamos,
digo... vivimos.

Y no puedes contar a veces
más que con tu propia fuerza,
contigo. Por eso el amor propio crece.

A cinco semanas de volar hacia allí.
Esto es muy duro. Suerte que formáis parte de mi vida.
Y... sí, una cosa: estoy harta de los acosadores.
Pero lo llevo con dignidad. (Creo)

Os quiero, familia.
Estoy bien, estad tranquilas/os.
Gracias por todo

-Isa-

viernes, 18 de abril de 2014

Acidez en los días

Dedicado a quienes logran mantener una actitud positiva cada día y cada noche, a pesar de las fuertes presiones, los sangrantes contrastes y la pesantez de los momentos difíciles. Muy en especial dedicado a mis compañeras de esta gran aventura, Verónica y Zara, que sin dificultad comprenderán cada palabra de las que vienen abajo, por afrontar con valentía y amor a la lucha cada problema vivido. En todos estos meses no he dejado de valorar la fortuna que supone teneros a mi lado. Gracias.


Dedicado a todas las compañeras/os que aún no conozco y que paralelamente viven situaciones como las nuestras, hundiéndose en mares de dudas para después salir a flote merced a su trabajo. A todas las/os que están, en cualquier parte de la superficie que habitamos, sacando de su llanto la fuerza para seguir adelante, creyendo en lo que hacen. Y a todas las/os que no están ahora, que murieron escapando o bien atrapadas en su rutina de sometimiento al autoritario. Que aún mueren cada día. No os olvidamos.

Y como siempre dedicado a ti, que me lees ahora, porque sin tu lectura estas palabras quedarían como muertas en algún espacio de la red, y tú las das vida... según las vas enlazando unas con otras en tu lectura atenta. A ti, que persistes en tu trabajo diario de recomposición tras derrotas que quizás aún no has compartido con nadie. Ánimo, compañera, compañero. No estamos solas/os, y nada puede extirparnos este conocimiento: la conciencia de que somos muchas/os peleando en el mismo frente. Ánimo.



Como esa carcajada ácida del final de las tragicomedias
que deja un regusto agrio como de limón ennegreciéndose;
como ese chiste que, a fuerza de agrandar los defectos de unas,
provoca risas hirientes entre otras gentes.

Acidez.

Como esa ropa empapada por la lluvia
que provoca un frío incómodo
a la espera de una toalla.

Ácidos los días.
Como cuando las niñas embarradas trasladan cubos
inmensos de un agua lejana y cara
mientras yo mastico una tostada untada.

Momentos ácidos.
Como ese ignorar alegre del sufrir intenso de la vida
que llevamos cuando elegimos suavizante para el cabello
con aroma de coco y piña.

Cargadas de objetos caminamos
por una tierra de pantalones polvorientos
y pieles secas, deshidratadas.

No me latigo, lo sé: no somos las únicas.
Las burguesías locales lo arruinan todo,
arrodilladas ante las burguesías extranjeras
que mantienen sus privilegios.

Es aún más complicado,
más de lo que pensábamos.

Siento acidez en el estómago,
una bocanada de amarga bilis
de vida diaria plagada de contrastes.


Nuestra casa

Nuestra casa no tiene muros
altos como los de las fronteras de Europa.
Nuestra casa no tiene muros
como los de los ministros del partido.

Nuestra casa no tiene muros,
no tiene muros muy altos.
Por eso las niñas/os se aglutinan en la puerta,
tras la baranda, a mirar cómo comemos.

Dadme una tregua, por favor.
Expulsamos a los niños. No, en casa también no.
¿Cómo me recompongo de esto?
Dejadme de mirar, necesito mi espacio.

Mi espacio. Un espacio privado.
Qué facil es vivir tranquila en nuestros
pisos, parques y países amurallados,
colmados con alambres de espinos.
Y hombres uniformados en las puertas.

Y resulta que la tierra es común,
que no hay fronteras para la necesidad.
Y mirarlo a la cara es amargo.

A veces un plato de arroz para las niñas que vienen.
Hoy una peli, hoy unas canciones.
Hoy unos cuadernos
que sobraban de las donaciones.

Hoy dejadnos tranquilas, no podemos más.
No podemos mantener a todas las niñas/os del pueblo.
No podemos solucionar vuestros problemas.
Ha sido un día duro de trabajo y de vida
y necesitamos una desconexión.
Y aquí no tenemos muros.

Echo de menos los muros.
¿Hipocresía? No. Humanas.
Somos humanas. Y esto es mucho.
La cabeza nos estalla. Soy sincera.


El transporte

La espera.
Esperamos a que se llenen los autobuses.
Esos autobuses traídos de Europa y Asia,
fabricados especiales para aquí.
Donde allí caben 30 plazas, aquí son 70.

Ocho en un cinco plazas:
cuatro alante, cuatro atrás.
Siempre crees que no caben,
y siempre caben. Cabemos.
Se presionan los límites,
si es que los hay. Empujan.

Lunas agrietadas como raíces de árboles,
expandiéndose por toda la superficie.
Puertas que se abren con alambres y
con truco, ruedas que, mordidas,
pinchan cada corto viaje.

Las motos. Dos ruedas para tres o
cuatro personas, y las cargas,
y las mesas, y los cerdos,
y las cabras.

Mientras, me imagino, las tecnologías
en airbags, y los coches automáticos,
y las lunas nuevas,
de ésas que se oscurecen con el sol.
Me imagino las campañas de
de seguridad vial de allí
y las multas por embriaguez.
(Las multas por casi todo)

Los hombres. Los señores del transporte,
los maridos y los padres,
conductores de las vidas
de todas las poblaciones.
Bebiendo. Gastando.
¡No, mujer, hay de todo! Ya.

Y mientras,
las pequeñas/os se me acercan
vendiendo clínex y chicles,
galletas y linternitas,
calcetines y libretas.

Miro por el cristal de polvo:
no quiero nada, gracias.
Y si insisten, casi les echo,
aunque mantengo la simpatía
con esa sonrisa rancia...
jugando a adivinar su edad.

Hoy vi un coche quemado.
Ayer, del bus salía humo.
Las ruedas también se pincharon.
La velocidad es excesiva.
Mucho riesgo, mucho.
Cuanto más rápido, más viajes:
más francos que puedes ganar.

Echo de menos el transporte rico,
el que sale de las estaciones a punto
estén vendidos o no todos los billetes,
el que tiene cinturones
y respeta unas normas básicas.

Echo de menos un coche.
¿Me avergüenzo? No.
Sólo estoy cansada de tener tanto miedo
evitable. Pero es lo que hay.
Somos una más aquí.
Nuestra vida vale lo mismo.


Algunas rutinas

I

No tenemos máquina lavadora.
Qué ausencia notable, para tantos
días en una tierra tan polvorientas
y tan plagado el cuerpo de sudores.
Qué ausencia... para nosotras.

Nuestros jabones y barreños
se llenan de agua limpia que conseguimos
sin gran dificultad, comparándola a
la local, claro.
Seguimos sin ser iguales. ¿Queremos?
¿Podríamos soportar más? ¿Deberíamos?

Las mujeres y las niñas andan mucho
para lavar sus ropas y las de sus maridos
o hermanos en esos riachuelos azules
por los vertidos. Con jabones imaginados
a veces. Tengo náuseas. Tenemos.
Una náusea de injustos momentos.

(Suerte que tengo dinero para pagarme
unas medicinas que me suavicen la acidez).

Jabones y agua limpia.
Y unos barreños. No se necesita más
para lavar la ropa. Y muchas sueñan,
sueñan con tenerlo. Sólo eso. “Sólo”.
Yo sueño ahora con una lavadora
que me quite este dolor de brazos
y este cansancio pesado. Son muchos días.


II

Puedo tenerla, cuando decida huír de
esta realidad. Maldita fortuna la nuestra.
Una decisión libre, un manojo de papeles
morados de diez mil francos que salen de
un cajero bancario, en el que sólo veo
blancos y cameruneses ricos.
Y los bancos son como en Europa.

Son como siempre, iguales en todo el mundo,
al menos el mundo (poco) que conozco.
Como las gasolineras,
con esa construcción genérica,
ese único resquicio occidental
que me hace sentir como en casa.

Cuando piso una gasolinera,
me siento como en el barrio.
Me sube una ola ácida de nuevo.
¿De dónde vengo yo?
Y me repito, nos repetimos, que nada es casual.


III

Hemos visto estaciones petrolíferas
explotadas por la France. Con trabajadores/as
uniformadas/os como ahí arriba hacemos.
Y de nuevo la sensación de estar en casa
al ver a los obreros/as con monos amarillos y
naranjas chillones, cascos blancos y botas
de punta de acero.

Vaya, el petróleo me recuerda a
chez moi”. Casi todo lo demás, me es ajeno.
¿Quién soy, quiénes somos, compañera?


IV

Los mercados me atosigan
(ya os lo conté hace meses),
con sus montones de gente
agarrando y empujando,
ofreciendo y pidiéndonos tanto...

Nos satura el día. Muchos ojos fijos
nos han atravesado hoy el cuerpo,
el alma, o lo que sea atravesable así.
Encierran a la vecina para que no se
escape: nacer con discapacidad intelectual
o física es una culpa imperdonable.

Mejor compramos en el supermercado.
Ese a estilo europeo que tiene pasillos
plagados de productos que un ínfimo
porcentaje de la población del país
podrá adquirir. Y ahí estamos nosotras.
Y me siento como en casa.

V

¿Quién cojones soy?
Compañera, abrázame.
Esto es demasiado fuerte.
Sí, mejor compremos galletas con chocolate.
Esa acidez vuelve. Tragico-cómica.

Salimos con las bolsas llenas.
Nada en relación con lo que compraríamos
(y compráis, lectoras/es presentes)
allí en esa parte. Aquí mucho menos.
Pero mucho más de lo que la mayoría
podría asumir en muchos años.

Un señor herido se acerca a pedirnos
cien francos. No, perdone. Lo siento.
Y vaya que si lo sentimos.
Jodida contradicción constante.
Y nos animo, diciéndonos que no seamos
tan duras, que al menos lo estamos intentando.

Pero nos escuece la herida,
nos pica, nos roza la llaga
con el paso a paso del caminar.
Y nos apartamos a los niños de la calle
que vienen a agarrarnos del brazo.

Poco a poco, tenemos que asumir
contradicciones. No cargar con culpa,
sacar la fuerza, cantar con el ukelele
y comer colacao caliente con galletas.
O si no, lo dejamos todo. Y no queremos.

La leche en polvitos NIDO, de Nestlé.
El Nescafé, ese café robado de estas tierras
para volver fabricado en sachets de 50 FCA.
Robar materias primas, vender productos
manufacturados. Estamos aún ahí.
Y cómo escuece, sí. Será el Relec...

El dinero no circula.



La maladie: el dinero, o la resignación

Sin dinero, no hay salud.
No hay cartilla, no hay transporte
que te acerque al médico, no hay medicina.
(Ya os hablé también de ello).

Vete a casa.
No tengo dinero. Por favor tenga piedad
de mi hijo enfermo. Lo buscaré, buscaré
cómo pagarle.

Vete a casa.
La muerte le espera. A él y a ti.
Unos días de llanto intenso y rabia,
y seguirás adelante con tus días.
Sin dinero, esa es tu receta.

Y paciencia. Porque no hay nada más
que se pueda ofrecer y sea gratis.
'Ça va aller'. Es que no hay más opciones.
Resignación aprendida a la fuerza.

Mientras, me siento muy cansada.
Voy a coger uno de mis medicamentos de
mi bolsa repleta de ellos. Irónica vida.
Esa carcajada fúnebre...

El mundo del que venimos. Del que vengo.
Me meto arropada en el saco de dormir.
Para luego salir, claro.
Pero me meto.

No os escondo nada, os lo quiero contar todo.



Pon una blanche en tu vida

...O de los privilegios no meritorios,
sino fortuitos, de gracia,
como los de haber nacido
donde y como lo hemos hecho nosotras.

Y sólo tratamos de ser consecuentes,
de asumir la responsabilidad que nos toca,
por venir con tantas oportunidades de serie,
gratuitas. Somos responsables.
Y tenemos que estar orgullosas, compañeras...

Las miradas, los saludos,
los cariños o los abusos de la gente.
Eres la primera persona blanca con la que hablo,
me encantaría casarme con una blanca/o,
quiero ser como tú
(ya he hablado de eso también)

Sonrisas y respetos.
Gente buena.

Tratos preferentes.
Nos reservan el asiento delantero.
Nos agasajan o nos timan.
Discriminación positiva, o negativa.

Y las miradas.
De admiración o envidia.
Ojalá fuera tú,
tuviera tu pelo, viviera en tu casa.
Ojalá mi vida fuera la tuya.

Y aquí estamos nosotras, con nuestra vida.
Sin poder salir de nuestra blanca cobertura
que es la piel. Sólo trabajando,
y tratando de no morir en el intento.
Para sobrevivir, y contarlo.

Hay gente buena,
tampoco me cansaré de cantarlo.
Porque hundirnos, no quiero,
ni pienso permitirlo.

Un honor, la esperanza,
un orgullo tener una blanca
entre mi grupo de amigas/os.
Por favor, dame tu número.
Y un acoso constante,
de machos y machirulos
que no sabes cuándo empezar
a romper de cuajo.

Allí todo lo teníamos tan clarito...


Y como una taza de café amargo
que pasa lento por dentro del cuerpo
termino este escrito
en el ordenador que traje de España,
a pocos metros de muchas personas
que no han visto en su vida uno.


Gracias por haber leído hasta aquí. Eso es que te importa algo toda esta cuestión de la acidez de la vida, de la que tanto nos hemos venido protegiendo en nuestra vida. Igual me tomo un Almax, me lo voy a pensar. Vida callosa.

Muchos abrazos,
os quiero y os animo,
os mando mucha fuerza y amor.

No dejaremos de intentarlo,
una vez más lo repito.

-Isa-