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sábado, 7 de mayo de 2016

Tengo un sueño... yo también

 Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura
 porque no habrá niños de la calle.
 Eduardo Galeano, de "El derecho de soñar"


La violencia se consolida en la rutina,
dirige las relaciones interpersonales,
modela la propia vida

la violencia de los trabajos y los días,
de los abusos, el odio, la sangre, los golpes
la violencia hacia los niños y las niñas:

esa es la vida, así y ahora,
esa es la pesadilla.
Por eso sueño.

 
Recuerda Amnistía Internacional que a día de hoy "Niñas y niños de todo el mundo sufren violencia de forma habitual en escuelas, en instituciones pensadas para su protección, en centros de detención de menores y, a menudo, en su propia casa" (Los derechos humanos en la infancia) Nos lo recuerda en mayúsculas, nos lo grita.


Un sueño dulce, todo otro, brillante
y utópico se vuelve necesario,
cuando la realidad se consolida
como pesadilla, terror perpetuo.

Por donde piso siembro el sueño,
un sueño sereno y firme, 
realizable con los dedos,
por donde piso, siento el miedo.
Y por eso sueño.


 
























 Taller de sueños
École Saint Augustin
Douala
Yo también tengo un sueño
que se renueva al instante
que se hace fresco, más y más tierno
según moldean nuestras manos
el barro de los recuerdos. 
Recuerdos-horror-recuerdos.
Por eso sueño.   


Taller de sueños, Orfelinat CREEA














Taller de sueños, Orfelinat Les Amis







Y lo veo casi todo
como en una película
de ciencia ficción, en la que
no puede ser real que pase
lo que veo que está pasando.
Pero pasa. Y este presente
es realidad pesada.
Por eso sueño.





Si no me expreso bien, si me hago ahora
de una difícil lectura, casi técnica
es porque empecé a moverme en aguas duras
en las que apenas ando sobreviviendo,

y si no me expreso bien en esta lengua
o en tantos otros idiomas que aprendo
es porque no encuentro palabra alguna
que hable con la fuerza de los sueños,

por eso, donde piso, siembro un sueño
de libertades conseguidas con esfuerzo,
por eso, donde yo vivo es en el sueño
porque es el lenguaje óptimo, es el medio
 
en el que más liviano pasa el tiempo,
en el que veo nuevas caras sonriendo,
en el que muere de una vez el sufrimiento,
por eso, por todo eso, siempre sueño.

Road to school, Ijamido Children's Home, Nigeria


Pero saliendo del derecho de soñar galeano
y retornando a la realidad diaria,
los niños siguen siendo menos que basura,
las niñas siguen siendo una y otra vez violadas,

los cuerpos yacen inertes o agónicos
en mares, tierras fértiles o áridas,
los niños chocan sus cabezas-rocas
contra el muro húmedo que será su lápida,
y no pueden salir aún, no pueden.

He visto cárceles pequeñas, mudas
al mundo que compra tras sus paredes,
he sentido brazos que desgarran
pidiendo un auxilio permanente,

he escuchado el grito-eco, fúnebre,
de la niña que, en violencia, desespera,
he corrido al refugio más cercano
para, soñando aún, poder seguir despierta,
 
y no he podido más que aliviar,
un poco, sólo eso (¡sólo eso!),
aliviar con trabajo, algunas penas,
mejorar realidades únicas, concretas,
y no he podido más que eso, 
y eso pesa.

Pero el sueño continúa,
y mientras pueda
forjaré mis utopías
con tareas,

y si el sueño continúa,
estate atenta,
mi sueño será ya tuyo
en cuanto pise tu tierra,

porque, lo dije, lo escribí antes,
por donde piso siembro el sueño,
un sueño sereno y firme, 
y realizable con los dedos,

un sueño de infancia libre,
de fin del horror y el miedo,
un sueño de inteligencias,
un sueño de un mundo nuevo.


Rocas y el Océano Atlántico, Rabat (2012)





El mar, agua,
tierra, aire, fuego,
los cuatro elementos
y el sueño.

Salud y gracias.

Un gran abrazo,

-Isa-

lunes, 2 de mayo de 2016

Eres tú aire


Un pulmón llenándose,
aire saliendo. Parada.
Un pulmón muriendo.

Este agujero negro
esta náusea que arrasa
cada gesto

esta ira
retenida con silencios
este duelo

lo salva cada día
un niño nuevo
naciendo

lo alza tu sonrisa
estallando en
mi recuerdo

sólo puedo
gritar eso: hoy
nace, aquí nace
el ansiado mundo nuevo.

Pero cuando
hiela el frío
al soporte que es
tu cuerpo

y respiras sangre
hermana y
polvo de miedo
y de huesos

pero y cuando
el hambre llega
y balas hay
de alimento

tus ojos se vuelven
piedras oscuras
como de hierro

el pulso golpea
deprisa rasgando
el pecho por dentro

el aire
se vuelve espeso
veo tu pulmón
muriendo.


No hay ya cifras
que estremezcan
a quien no quiere
creerlo

no hay imagen
no hay palabra
que trasmita
este gran duelo

de un horror
diario, amargo
de un derrame
desde dentro

de un ahora
con arcadas de
sangre, soledad
y miedo

cada infancia
masacrada, 
un mundo nuevo
muerto. Y miedo.
(Pies en Balessing)




Pero estás tú.
Volviendo a nacer,
quizás para morirte
también, como yo,
cualquiera.









Estás tú.
En tu anónima
existencia,
llorando estos versos
de sufrimiento encarnado.

Pero estás tú.
Sintiéndome. Sabiendo
que esta infancia
nos necesita valientes,
ahora. Estás tú.

Esperanza de manos
que trabajan, cansadas,
solidarias de apoyo
al pulmón que se apaga,

como grito perpetuo,
como llama que estalla,
como soplo de vida
al pulmón que se apaga.

Estás tú, recordándome
que son más fuertes
las ganas 

de seguir adelante
que de morir,
resignada.

Estás tú, está tu hermana
lucha por mejorar
la existencia,

estás tú, como utopía
creciente que alimenta
mis fuerzas,

estás tú,
aportando tu aire ahora
a este
pulmón que se apaga.

Y redescubro
que yo sólo quiero ser aire.
Contigo, con todas/os, con quienes quieren permanecer
respirando aires de paz y vida.

Y lo demás 
se combate con fuerzas
conjuntas cada día. 
Todo lo demás se combate.

Mucha fuerza, siempre adelante.

Gracias,

Os quiero.

-Isa-

sábado, 16 de enero de 2016

Su corazón también palpita


Hay muchas niñas/os que no tienen ya sueños, a quienes les ha vencido la resignación, que tienen miedo, a quienes les duele vivir, que están atrapadas/os en su rutina... hay muchas niñas solas/os. Yo quiero estar de su lado, mamá y papá. Yo quiero darles algo de lo mucho que me habéis dado. Quiero hacerles sentir que no están solas/os. Que sí pueden, que sigan adelante, que son personas valiosas. Quiero que el mundo les hiera menos, con su desprecio y con su (nuestra) indiferencia. Quiero que sonrían. Quiero darles amor, oportunidades, confianza, apoyo, refuerzo. Por eso, por todo eso, estoy aquí hoy. Y eso, de alguna remota manera, hace que sea feliz. Gracias.

Tenía que conocer todo esto, tenía que saber lo que está pasando, para poder aplicar una respuesta adaptada. Tenía que saber de qué iba el mundo. Y ahora algo más sé. Lo que sé me duele mucho, no puedo engañaros. Pero estoy agradecida de saber, de poder hacer algo para cambiar realidades concretas. Ignorar no era una opción válida para mí, lo sabéis. Estoy dispuesta a seguir haciendo reír a todas las niñas y niños que me cruce en mi camino. Estoy dispuesta a darles amor y respeto, a trabajar lo mejor posible para que sean más libres, para que puedan desarrollar todo su potencial, para que sean semilla del cambio positivo y nunca más testigos y cómplices del horror y el tormento. Quiero hacer todo eso. Y lo voy a seguir haciendo. No encuentro sentido a nada más que eso en mi vida. Gracias. Gracias. 
Os quiero”.

Hace unos años pensaba en todo lo que podía (yo) ayudar a aliviar el dolor en la infancia castigada por el sistema-global (que tiene un nombre, aunque dé no-sé-qué decirlo a muchas: capitalismo, sí, este sistema en el que los excedentes de producción alimentaria se tiran y las patentes farmacéuticas impiden la universalización de los servicios médicos; el mismo que entrega armamento pesado a niños de nueve a trece años para que puedan matar a otros humanos. Sí, este sistema en el que nuestra indiferencia hacia el sufrimiento ajeno es condición suficiente para que se perpetúe el horror ordenado, la violencia selectiva...). Trabajando por unos y otros rinconcitos de la ciudad, decidí un día coger un macuto (demasiado pesado, pienso ahora), y adentrarme en parte de las entrañas de la barbarie para la infancia, donde cada día se encontraban bebés entre las montañas de basura y se utilizaban los cuerpos de las niñas/os para el tráfico (diría "ilegal", pero a este punto es casi irrelevante) de órganos humanos... Donde hasta los orfelinatos daban miedo, eran cárceles permanentes de gritos, palizas, ratas y enfermedades contagiosas, que sólo (que no es poco, ¡por las diosas!) servían para garantizar la no-muerte. Estaba a miles de kilómetros de casa, pero tuve que hacer de eso mi casa (temporal, siempre supe que temporal, ¡bendito mi privilegio!).

Con los golpes, gritos, miradas y agarres de auxilio, con los ojos muertos de esperanza de cada una de las niñas y niños que me he ido topando en mi camino, he ido cambiando profundamente: muchas estructuras se han ido cayendo, al tiempo que otras nuevas visiones (sentires, pesares, dolores) sobre el mundo se han ido instalando, haciendo que mi mirada sea otra, siempre nueva, renovándose. No me preocupa lo mismo, mi escala de valores permanece inquebrantable, mi escala de dolores también. Serenidad, perseverancia, aceptación de lo existente, amor y mucho de inspiración y arropo colectivo (de esos en los que tanto insisto “referentes positivos”) permiten mantenerme en pie y emprender nuevas rutas (con mucha suela que gastar...).

Hace unos años pensaba en el gran potencial humano que tenemos para aliviar ese injusto sufrimiento de nuestras niñas y niños que nacen y respiran hoy los densos aires de podredumbre y plástico quemado que les dejamos respirar. Y es que, hace unos años, mientras pensaba todo eso, abracé por primera vez uno de esos cuerpecitos de infancia destinados a morir. Destinado a vivir el desamparo, el sufrimiento físico más agudo, la soledad y la ignorancia de su crecimiento. (Falta de estímulos, falta de cariño, falta de salud básica, falta de respeto...) Abracé su cuerpo, en el patio de esa cárcel que era el orfelinato, entre los muros de esa cárcel que era su país, entre los alambres de espino franqueados por armas de fuego que eran su pobreza. La temida “maldición de ser pobre”, una realidad consentida y perpetuada por otros humanos. Abrazaba su cuerpo en esa noche estrellada, como lo son todas las noches en las que no hay lluvias torrenciales en ese rinconcito abierto del planeta, y sentía como sus primeros dientes mordisqueaban mi camiseta. Quizás era la única persona en el mundo que se daría cuenta de eso, de sus primeras mordidas, de sus primeros balbuceos, de sus primeros movimientos erguidos y primeros usos de la motricidad gruesa!) Abrazaba a esa niña-bebé mientras quería que todo se detuviese. Que murieran todos “los malos” y sólo quedasen las personas buenas, que a todas las bebés y niñas/os del mundo les dejase de pesar la vida y les dejasen de sangrar las llagas que tenían en su cuerpecito. Que todos sus traumas desaparecieran, y los causantes de éstos murieran. Sí. Deseaba la muerte del mal mientras abrazaba a esa niña. Ella me mordisqueaba la camiseta, y yo quise morir por un momento allí también, abrazada a ella. No quería asumir la realidad del presente. Pero tenía que hacerlo, ambas debíamos hacerlo. 'That's the way it is, aunty Eli'. (Un 'Içi c'est comme ça' que viviría traducido años después).


Hace unos años esa niña con su abrazo lactante me sacudió la vida. Cada una de las niñas y niños con sus abrazos asfixiantes y sus súplicas de horror me resquebrajaron la vida. Cada manita que apretaba fuerte, cada tirón de mis brazos... cada gesto me fusiló por dentro todo lo que podía tener construído. Hace unos años fui notando cómo cada teoría, cada idea preconfigurada, cada manual de ética aplicada, cada discurso político, cada debate universitario, cada charla de colegas en un banco moría aplacada por una sola realidad palpitante: el latido de cada uno de esos corazones condenados al horror. Su corazón también palpita. Y todo lo demás no importaba ya. Lo más duro fue recomponerme. Tratar de seguir viviendo, ahora que ya sabía, ahora que me agarraban sus manitas y me roían la camiseta sus incipientes mordedores dientecitos... Lo más duro siempre es vivir, aunque sepas que estás en camino, aunque aprendas a tolerar tus propios límites y a no sobrepasarlos por salud (¡supervivencia propia!). Lo más duro es soltar su manita con brusquedad y quitarte sus miradas de encima cuando sabes que no puedes generar más sonrisas en el momento...

Hace años que asumo la responsabilidad de estar viva en este momento y en este lugar. Constato nuestro potencial, nuestra capacidad de generar lo no-habido.
Escuela maternal de Balepipi
Intento quejarme poco y trabajar mucho, hacerlo con amor y con verdadera esperanza de cambio, siempre alentado éste por los pequeños grandes logros que conseguimos en la vida de nuestras compañeras humanas/os. Y, aunque siempre es insuficiente, nunca deja de ser necesario cada paso que damos. Hago lo que puedo y siempre intento renovarme, renovar mi óptica, mis herramientas, adaptar mis objetivos, consolidar mis metodologías... siempre quiero más: mejorar, superarme, crecer, convertirme en algo mejor de lo que soy ahora. Porque mientras todas estas niñas y niños sigan sufriendo de la manera en que lo hacen, no habrá razón de más peso para movilizar a otras personas en su actuación: por el fin de la avaricia, de la corrupción, de la violencia indiscriminada, de la fabricación y el tráfico masivo de armamento, del abuso de poder sobre los cuerpos, del bloqueo de la autonomía de otras personas, el control de la libre circulación de la información, la tortura tolerada, la complicidad con regímenes totalitarios y tiranos... y tanto y tanto.

No hay libros que puedan contener un sentimiento, por mucho que lo intenten explicar; tal y como no hay partitura que pueda contener la música volando por el aire. Y es que el lenguaje siempre quedará limitado a una pequeña parcela de realidad. Pero las miradas y las manos... ¡ay! sólo pueden ser sentidas.


Me duele. Me pesa. Es un dolor agudo y oscuro. Retumba y repiquetea en mi pecho, como quitándome un poco el aire. Esas miradas. Esas miradas que se cruzan en mi vida porque yo he decidido venir a encontrarlas... Dicen que cuando pides consejo, según a quién consultes, ya estás determinando el tipo de respuesta que quieres oír. Es decir, que tú eliges, con tus actos, lo que quieres seguir haciendo, aunque lo disfraces de “influencias externas”... Por eso he venido aquí. Porque quiero saber lo que estas miradas tienen que decirme. Esas miradas anónimas, tan iguales todas ellas, tan distintas a mi mundo, cobrando un sentido nuevo: cada una en su contexto, irregular y diverso, cada una, como un mundo abierto a la necesidad y al cambio. En verdad, ninguna mirada fue nunca anónima. Era yo quien las homogeneizaba. Pum. Pum. Cada mirada latiendo. ¿No podéis oírlo también?

Transformar por segundos esa mirada de piedra en mirada de niña/o es lo mejor que siento, quizás lo mejor que vaya a sentir nunca: una plenitud que llena de vida y me lima el dolor más anclado... Las sonrisas: descubrir sonrisas en un rostro ausente, hacer que pasen los gritos y las agresiones, que la infancia vuelva de donde nunca debería haber escapado: la vida de las niñas/os.

Me duele la realidad, no os puedo mentir. Pero me hago fuerte, pienso que no queda otra opción si quiero hacer algo positivo. Y yo cambio rápido, para poder aportar algo y dejarme de tonterías. Para construir. Porque es necesario. Y es necesario hacerlo ahora. Aquí hay magia. Y aquí quiero estar. Me quedo.

Gracias por enseñarme a ser libre. Os quiero.”

-Isa-
Cartas desde lo negro.

sábado, 17 de octubre de 2015

Nuestra infancia nos necesita valientes


Si no fuera por ti,
porque veo llama clara en tu mirada,
moriría lentamente
en cada bala disparada;

si no fuera por ti,
y esa mirada,
estaría sepultada desde tiempo
mi esperanza.

Pero estás, estás para quedarte,
estrechándome con fuerza
desde el miedo,
estás en cada uno de mis versos;

tu infancia tierna
y tus labios prietos
me salvan de morir en el intento,
creando nuevas fuerzas para amarte.

Cuando tú me abrazas,
pequeño Maurice, no me abrazas solo,
me abraza la fuerza de la vida,
me abrazan las ganas de seguir
haciendo lo que hago.
 
Tu abrazo es eterno.




Cuando la sangre de infancia
riega los campos,
la tierra llora charcos
de injusticia,
y los perros beben...

Por el desarme real,
por el fin de la militarización
de nuestros niños,
por la libertad de la infancia.
Stop al dolor. Stop a las armas.
STOP AFRICOM.

martes, 17 de junio de 2014

Alas a la inteligencia

Programa Tardes de Ocio, orfanato de Logpom, Duala
 
¿Cómo alcanzar el máximo desarrollo
encerrado en una jaula de gritos,
cómo expandirse la inteligencia por el aire
anclada por las manos a los cubos?
(Cubos de agua pedregosa y densa
necesarios para superar los días)

¿Cómo desatar la sonrisa de lo culto,
el placer de generar algo creativo,
cómo sentir alegría desde dentro
prisionera de las puertas y los muros?
(Muros de piedra agrisada y firme
que separan esa casa de la vida)
...
Tras la gélida compuerta de tus labios
comprimidas bocanadas de suspiros
se entremezclan con las perlas de tus dientes,
y las tragas, siempre haciendo ningún ruido.

En las piedras sostenidas en tu rostro
hierven mares de tristeza contenida,
lloran miedos de una infancia reprimida,
el deseo de querer ser cualquier otro.
  
Y tus dedos, apiñándose encerrados
entre ellos, que se muestran como puños,
atraviesan a cualquiera que te mire
gritando la desolación de tu futuro.
Y tu rabia.Y la mía.

...

Tu cuerpecito de infancia,
de meses aún contables,
como un volcán que no estalla
me cuenta tantos detalles...

Yo los leo. Mientras trabajas
en los ratitos que para ti he pensado,
mientras te vuelves niño,
y tu sonrisa nace.

Manejando materiales y herramientas
que ignorados hasta entonces existían
compruebo tu genio nuevo,
tu inteligencia crecida.

Liberándose los golpes
en dibujos y grafías,
formas, bailes o colores,
renaciéndote a la vida.
Por primera vez, te veo niño.
Por primera vez, te veo niña.

 ...

Son sólo ratos. Desvaneciéndose
entre la asfixia de los días.
Soy yo marchándome,
tú odiándome, vuelta a la rutina.
Tú, siempre te quedas.

Yo, reinventándome,
rumiando fuerzas de donde puedo,
fortaleciéndome
para crear algo más grande, algo nuevo.
Pero no puedo nunca nunca olvidarte.

Estás presente. Tu miedo frágil,
tu cuerpo enfermo, tu sufrimiento:
silencio espeso que te persigue
en todo momento.
Tú eres mi base.

No te prometo
que en el futuro vuelvas a verme
o que tu vida
pueda cambiarla en algo más digno;

yo no te miento:
las dos sabemos que de lo injusto
bebes muriendo,

que es tu alimento,
que aun de veneno y podrido por dentro
no tienes otra: o eso,
o a los huesos del cementerio.

Mas, sin embargo,
puedo decirte sin temblarme los labios
que aunque me pese el hierro diario,
voy a intentarlo.

Alumna de la Escuela Infantil de Bambi (pueblo de Balessing), zona rural del Oeste de Camerún






La educación es la base, la base que garantiza la existencia de personas más libres y autónomas, más capaces de gestionar sus problemas y más creativas para generar soluciones. La educación es la base, la base que permite ampliar la perspectiva del propio mundo y descubrir su diversidad, la base que permite elegir la forma de desarrollar el propio proyecto de vida. La educación es la base, la base del pensamiento libre, creador, positivo, inteligente y responsable con las otras personas de la comunidad. La educación es la base que posibilita el humor, la risa, la liberación de la esclavitud forzada, la superación de la opresión intelectual (¡y física-política!). La base para generar un cambio de estructura, de valores, de parámetros que estructuran el mundo tal y como está mantenido ahora.

Quiero una educación en valores,
una educación que respete a las personas,
una educación que fomente el desarrollo comunitario
favoreciendo la realización de los individuos.

Quiero el fin de la educación colonialista en África,
quiero escuelas donde la lengua maternal sea una riqueza
y no un pecado,
quiero niñas y niños que al salir de la escuela
sean más libres, y no tengan miedo.

Quiero que toda la potencia y la fuerza
de millones de niñas y niños
pueda explotar en actos creativos
que revolucionen las carroñas asentadas
durante siglos,

y que nunca más lluevan los golpes
sobre las pequeñas espaldas fatigadas,
y que nunca más una estudiante
deba abandonar por obedecer a un hombre,
y que nunca más sea la falta de medios económicos
la que impida a un joven genio deslumbrar al mundo.

Demos a las inteligencias del mundo
las alas que les han sido
enclaustradas.

Y aprovechemos nuestras posibilidades.
Mucho amor, ahora desde lo blanco.
-Isa-

lunes, 5 de mayo de 2014

Por la ilusión oprimida

Los días pasan... vivimos.
Pasan los cielos estrellados y los soles nublados que dejan gotas en las grandes y verdes hojas de los campos que veo crecer cada mañana. ¿Cuánta vida es necesaria para que nos demos cuenta? ¿Cuánto más?

I

Desabrochando miedos,
quitando prejuicios sobre los 'debe ser'
y mirando a los ojos rojizos del atardecer salvaje...
ahí me encuentro, aquí.

Liberando la rabia
en un grito berreante
que el viento difumina entre los ruidos
del mercado. Aquí.

Huele a tierra removida,
a huellas haciéndose paso:
soy yo naciendo
por primera vez a un mundo nuevo.

Ya no me importa la rima,
ahora no. Ni el número exacto.
La sílaba es sólo
una parte, no es palabra completa.
(¡Para llegar a ser palabra...!)

Desarrollando el talento
y bombeando todo el cuerpo.
Ya no, no es necesario ahora.
Se ha desvanecido el miedo.

Músicas del mundo,
verdes y marrones, cielos.
Nubes espesantes, lluvias.
Baile de pantalón rajado.
Para luego, silencio.

No me importa, ya no,
ahora estoy fuera del cuento,
como una escritora atenta,
generando pensamiento
en actos, en días que vivo.

Y es siempre lo mismo,
en distintas formas:
vida, momentos, sueños,
ganas de pasar viviendo
el menor dolor posible
y el máximo bienestar.

Comprendo, mientras vivo,
comprendo intentándolo.
Comprendo, entiendo poco
pero poco a poco crezco.
Estoy ahora aquí, sintiendo.



A las ilusiones quemadas

Tres años de vida. El marrón de la tierra colorea el otro más oscuro de su piel, como tiza acartonada. Balanceo nervioso de piernas sobre la sillita de madera. Ojos clavados en la maestra, lanzados como buscando agarrarse a lo nuevo por aprender. Palmaditas de emoción y alguna risotada con sus iguales-pero-nunca-iguales. Deseo de aprender, cosquilleo ilusionado. Y de repente: ¡PUUUUUUUM! Bofetada de realidad latigante. Deseo frustrado. Llanto ardiente desde dentro y ahí encerrado. No puede salir, está obligado a reprimirse.

Hija de los pobres. Escritura en el cuaderno desgastado de cuadrados pequeñitos y tapas de aire. El viejo zapato como hoja afilada quema, doblado bajo el talón agrietado. Duele, pero no hay tiempo para esas pequeñas quejas. ¡ZAS! Vuela el cuaderno por el aire de barro arrastrando enganchada la esperanza de poder continuar estudiando. La herramienta de madera y hierro cuelga de su hombro, hundiendo con los años los hombros y la vida. El campo es la opción forzada.

Pueblos arrasados por la pobreza impuesta. Pueblos son personas. Pueblos son miradas, ilusión de inquieta infancia arrancada con violencia. Viola, viola vidas la violencia. Y tú, ahí. Y yo, aquí. Haciendo qué, haciendo mundo.

II

No hablo de mí, hablo del mundo,
de ese mundo del que no se habla
entre los que decimos que sabemos
del mundo. Y no sabemos nada.

Esas tantas vidas,
tantas niñas y niños,
juventud, latir de la tierra,
madurez de mujeres y hombres
buenos, buenos y buenas,
buenas y pobres.

Esos tantos latires pausados,
precipitados a la rutina
del trabajo y la pesantez
de los días,
vida de llagas.

Vidas de sabios momentos,
de represión contenida.
Y luego, tantas otras vidas insípidas,
vacías de pesos,
llenas de mentiras.


Yo no lo sé... no tengo la respuesta.
Sólo consytruyo y deconstruyo cada rato,
sintiendo una calma y una fuerza que me abre nuevios frentes,
como queriendo mirar más, no conformarme.
Mi inteligencia crece, y a veces se difumina en las acciones cotidianas en las que me pierdo. Siento muchas cosas, como viviendo en dos planos diferenciados. Como sabiendo de los dos mundos que son muchos mundos. Mucha muchedad, ya...

No sabemos casi nada,
pero podemos aprenderlo casi todo.
Y en ese campo jugamos,
digo... vivimos.

Y no puedes contar a veces
más que con tu propia fuerza,
contigo. Por eso el amor propio crece.

A cinco semanas de volar hacia allí.
Esto es muy duro. Suerte que formáis parte de mi vida.
Y... sí, una cosa: estoy harta de los acosadores.
Pero lo llevo con dignidad. (Creo)

Os quiero, familia.
Estoy bien, estad tranquilas/os.
Gracias por todo

-Isa-

miércoles, 29 de enero de 2014

Je chante por les enfants...

I

Esa mirada. ¡PUM! Silencio.
Mirada que retengo. Miradas.
¡PUM, PUM! Silencio. Ojos.
Ojos que buscan dónde agarrarse.

¡Cállate la boca! ¡Imbécil! ¡PUM!
¡Salvaje! ¡No sabes nada, vete, RÁPIDO!
Silencio. ¡PUM! ¡Deprisa, ven deprisa!
¡Siéntate! ¡Levántate! ¡Calla! …
Miradas. Miradas tristes. Como muertas.

NO SABES HACER NADA. INÚTIL.
ERES TORPE. ¡VETE! ¡PUUUM!
Silencio. Llantos. ¡¡¡PUUUUM!!! Silencio.
Miedo. Miedo. Temor. Miedo. Lágrimas.
En silencio. Lágrimas que vacían almas.

¡CANTA! ¡RÁPIDO! Estúpido.
NO SABES. NO APRENDES.
'Esta niña es muy lenta, no entiende nada.'
'Este niño da muchos problemas. Hay que hacer algo.'
MOLESTAS. CIERRA LA BOCA.
¡PUUUM! Y más silencio.

¡Me estás buscando! ¡Cállate la boca! (Repite)
TE VOY A PEGAR PERO BIEN.
¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!
Un llanto cesa. Unos labios saborean unas
lágrimas de rabia. De miedo. Resignación.
Y silencio. Silencio. Silencio que duele.
Y miradas. Que buscan. Que encuentro.



II

Me duele. Me miras y me duele dentro.
Me miras desde detrás de una pared del aula,
como escondida, escondiéndote.
Ella acaba de pegarte. De pegarte en esa aula
oscura, donde te llevan, de donde nadie te salva.

Siempre hay un motivo. Una excusa para hacerlo.
O hablas mucho, o hablas poco.
O comes rápido, o comes muy despacio.
No sabes escribir, tú tienes la culpa.
No coloreas bien, tú tienes la culpa.
No sabes hacerlo, tú tienes la culpa.
Por eso te pegan.

Tu mirada. Con ese blanco tan blanco
que es como perla entre tu todo negro.
Perla de hierro. De acero. Forjada.
Ojos que me miran, cómplices.
Sabes que estoy, y sabes que te miro.
Me taladra tu pena. Tu dolor me duele.

Te sientas y pronto volverás a trabajar.
O a quedarte con los brazos cruzados,
como te obligan cada mañana. Y en silencio.
PUM. PUM. PUM. Martillo. Tu mirada
es un martillo en mi equilibrio, en mi paz.

No sé si alcanzas los cuatro años y medio.
No sé qué te espera a la salida de esta aula,
que nunca fue escuela sino de miedo.
No quiero saberlo ahora. Quizás éste tu refugio.
PUM. Los golpes. Tu mirada.
Lo siento. Lo siento mucho.



III

En el aula o en la calle,
no importas nada.
Parece que todas/os te odian.
Que les molesta que hayas nacido,
que estés aquí.

Molestas. Molesta tu risa, y cuando
aparece, pronto te la roban con violencia.
Molesta tu curiosidad. Tu movimiento.
Molestas. Desean que crezcas rápido,
que aprendas a trabajar, que reproduzcas
los roles. Que repitas. Sin cuestiones.

Trabajas. En la calle, en los comercios,
y hasta en lo más adentrado de tu casa.
No importas nada. Eres herramienta.
Mozo de carga. Niña que cocina y limpia.
Tus funciones están asignadas.
No tienes elección.

No eres nadie. Crece pronto y cásate,
reproduce, reprodúcete. Reproduce lo
que has asumido con violencia. Copia.
Así son las cosas, recuerda.
No eres nadie. Y si molestas, serás castigado.
Cállate y sobrevive como puedas.

… Y siempre molestas.
Niña/o sin derechos. Niña/o sin infancia.
Nacer es tu peor castigo. No te preguntaron.
Lo siento. Lo siento mucho.
Tu llanto es mío. Lo siento.


IV

Tu risa. De pronto aparece.
Como de dentro de ti, como iluminando
todo lo que tienes cerca. Nos ilumina.
Brillas. Brilla tu cara. Ríes.
Vuelve la infancia.

Juego. Canto. Te pregunto. Te escucho.
Me acerco. Comprendes que no te agredo,
el miedo se esfuma. Te lleno de besos.
Tu rísa. Como una mariposa blanca que
atraviesa un bosque quemado, de ceniza.
Tu risa, y tus ojos. Ahora vivos.

Tú me das la fuerza. Me das la vida.
No lo sabes. Sólo tienes unos años,
y unos meses. Y esa vida. Que aflora
llenándolo todo. Llenándome. Eres vida.



V

Es difícil. Esta labor es difícil.
La opresora fue primero víctima. Y es
preciso su implicación en el cambio.
Sin ella, no hay cambio.
Trabajo con opresoras/es, víctimas.

Y no llego. Llego sólo un poco, pienso.
Lo sé, me refuerzo. Hago lo que puedo,
hago más, lo hago todo. Por su risa. Su
derecho, por el fin de la violencia.

Trabajo con las docentes para generar
la mayor transformación posible que
esté en mi mano. Hay cosas que no,
que no alcanzo, a las que no llego. Pero
de eso, no hablo. No me frustro demasiado.
Las opciones siempre son limitadas.

Pero hay opciones. Y las saco el partido
que puedo. Poco a poco. Y adelante.



VI

He visto los cambios.
Cambios mínimos, cambios máximos.
Ya camino con la sensatez de quien
conoce sus propios límites, su tope.
No lo puedo todo, pero puedo mucho.

Me mueven sus miradas. Las que ya
conozco, y todas las otras que aún no
he visto, pero están. Tristes, están.
Me mueven sus sonrisas. La certeza
de saber que pueden explotar alegrías
donde siempre hubo dolor punzante.

Porque la infancia no es un abstracto.
Son muchos pares de miradas de piedra,
de miedo, de rabia, de lágrimas que saben
a sal y a polvo. La infancia tiene rostros.
Tiene nombres, tiene historias.

Yo sé que esa energía, como de volcán
con fuerza, que desprenden estas niñas/os
cuando trabajamos por el cambio, es mi
fuente y mi gran premio. Y son esos chorros
de alegría momentánea los que quiero mantener,
por los que lucho cada fatigoso día.

Y sueño, sueño a través de esta mi lucha,
con que esos momentos sean derechos
de vidas enteras. Lo merecéis. Y es justo.


-------------------------

 
Y hay algo que no olvido nunca:
hay gente buena. HAY GENTE BUENA.

Gente solidaria, gente buena.
Gente que lucha, gente buena.
Gente que trabaja por el cambio, gente buena.

Gracias.
Gracias, gente buena.
Os quiero.

-Isa-

domingo, 15 de diciembre de 2013

Por las niñas/os que no saben jugar.



Me cuesta, desde aquí, organizarme en pensamientos,
trasladar a palabras las emociones que me acompañan.
Me digo: “cuenta, explica, escribe”; como sabiendo
que si no, puedo llegar a aislarme, por ser tan distintas
las dos realidades, los dos mundos que ya conozco…
y porque sé que, si lo dejo, cada vez será más grande
el abismo, y más grande el esfuerzo por intentar superarlo.
Así que, me siento un rato, y escribo, con música bailonga
de la boutique de al lado como fondo. Hoy no llueve.

...
 
“Vivo mucho, siento mucho. A veces,  muy rápido.
Mucho en un período de tiempo muy corto. Respiro.
Las imágenes de un bebé de menos de dos meses en mis brazos
se me mezclan con las de mujeres bailando al son de tambores,
o con las de un espacio sagrado, de sacrificios, en el cual me
adentro con admiración y curiosidad, respeto. Un lugar donde
no existe el tiempo, donde el agua corre entre rocas enormes, un
agua de la cual, si bebes, estarás protegida por las divinidades
de esa tierra, si tienes el ‘espíritu limpio’…

Estoy viviendo algo grande.
Como las locas o las genias, ya no sé bien diferenciar.
Pero me siento en un momento especial.
Podría atreverme a decir que nunca había sentido algo así,
algo como esto.

Han pasado ya más de tres meses desde que pisé esta tierra,
desde las primeras lluvias y los primeros encuentros. Más
de tres meses de los abrazos madrileños del aeropuerto…
Tres meses en tiempo, en calendario. Tres meses en número.
Pero bien puedo decir que he sentido pasar una vida. Esta
experiencia no se mide en números, no se mide en tiempo.
Se mide en momentos, en energía, en sensaciones, emociones.
Estoy viviendo una vida nueva. Y a partir de ahora quiero que
en todos mis momentos, desaparezcan los números, el tiempo.
Quiero colmar mi vida de presentes, de presentes continuos.

Soy una nueva, soy otra.
La misma, crecida.

Dejo que me fluyan las palabras,
no quiero sentarme a analizarme, a repensarme,
no quiero repetirme, quiero seguir fluyendo.
Aquí todo fluye, casi por supervivencia, pienso.
Cuestión de ritmos. El latir es diferente.

Conozco a gente maravillosa, fuerte, sabia.
Me planteo el porqué de la existencia -¡novedad!-,
me planteo cosas todo el tiempo en términos últimos.
Absolutos, primarios. Como remover la tierra para
sembrar patatas antes de recolectarlas. Mujer rural.

Vivo en extremo, pero siento irónicamente una calma
que no creo haber sentido antes. Una calma nueva,
una tranquilidad en los adentros. Mientras descanso
un poco el cuerpo, sentada en el suelo.
Vivo mucho pero estoy tranquila.

Tengo temores a veces a estallar de alguna forma
incontrolable para mí.
Pero miro a las mujeres que me rodean y calmo.
Nada es insuperable.

Todo pasa, la fuerza es necesaria.
La perseverancia y la entrega son máximas que han de
acompañarme en cada momento.
Hay fuerza en cada paso. Soy fuerte.

Los apoyos llegan, pienso que estoy muy bien arropada.
Lo siento, siento mi gran fortuna
Y eso me da más ánimos para generar esto que considero
bueno, positivo. Para extender el cariño y las sonrisas
y reducir las violencias y los llantos. Para generar vida.

No sé cómo emplear el lenguaje, mezclo idiomas,
invento palabras, se me olvidan otras… río. Mucho.
El lenguaje me falla, vale. Pero siento que estoy
empleando el tiempo de esta mi –inexplicable- vida
de la mejor manera que podría hacerlo: viviendo,
y ayudando a vivir. Y de la mejor forma que sé.

Si me fallan las tácticas, o las herramientas para
seguir haciéndolo bien, no es porque no quiera,
es porque tengo aún mucho que aprender…
Y sigo aprendiendo a cada paso, porque esta
realidad me mantiene alerta, a un tal nivel de presión constante
(sin descanso), que me obliga a adaptarme, reajustarme e
incluso reinventarme. Y cada vez me redescubro, me conozco
más, me conozco mejor.

Y os digo, sin temores, que me siento orgullosa, orgullosa
de mí, de mi trabajo, de lo que hago y de lo que decido deshacer.
Con un orgullo necesario para seguir adelante,
me reconozco trabajando bien, y gestionando con
‘cordura’ todas las emociones que me rodean. Y no es fácil.
Cuando me faltan abrazos, me abrazo yo. Porque no quiero detenerme.
También a esto he aprendido. Saber y defender en hechos lo que
pienso que es justo: no sólo para las/os demás, sino para mí también.
Y a veces, para mí la primera. Porque sin un ‘yo’ que construya
no hay construcción posible. Sólo fango.
Aprendo a vivir.

Siento que estoy en el lugar correcto haciendo lo correcto.
Me siento feliz, tranquila.”


Viernes, 29 Noviembre.

(…) “Ya ha llegado la noche a Balessing. Son en torno a las 18.40h.
Veo mi ropa tendida en el balcón: tres camisetas, ropa interior, un
pantalón corto, y un pañuelo. Es ropa vieja para mí. Ropa vieja que
traje, seleccionada de entre toda la que tengo, especial para este viaje.
Para mí aquí es como ropa nueva. Ropa para usar. Usar y lavar, y
quedar como nueva. La ropa. Qué importancia absurda se le da desde
ese otro mundo. Qué trampa. (…)

Camino mucho por esta tierra, rodeada de verdes de muy distintas
tonalidades. He distinguido más de cinco verdes en un trocito de
montaña: creo que estoy avanzando. Esta tierra, tierra de verdes, y
de pobreza. Veo a muchas personas... (…) Siento que estoy creciendo
deprisa, a fuerza de realidad, tal y como aprenden las niñas/os aquí.
Aprenden a vivir entre gritos, sed y hambre, dolor físico, frustración,
humillación, trabajo y tristeza. Y, aun con todo, sacan fuerza para
ser, cuando el adulto no les mira, un poco niñas/os. Bueno… eso
algunos/as. Otros venden clínex en las estaciones de autobuses.
Se acercan, una y otra vez. Con barreños en sus cabecitas, llenos de
plásticos que embalan quizás chocolatinas, quizás cepillos de dientes.

¿Por qué? ¿POR QUÉ? Cómo me duele… ¡Cómo me duele...!
Miradas de piedra, miradas de piedrecitas. Algunas se asoman una y
otra vez. Me traspasan, me punzan. Un paquete de clínex, 100 francos.
Muchos pequeños, niños, corren con carros llenos de cosas. Transportan...
‘es normal aquí’, hay que ganarse la vida, hay que sostener la familia.
Las niñas, pequeñas, cuidan mientras de sus familias, trabajan en el campo
o limpian las casas. Los roles ya están definidos: poco queda por decir.
Un complejo de vida cerrado. Donde todo funciona,
aunque no funcione bien. (…)


Lunes, 2 diciembre:

(…) Las niñas/os no juegan. No saben jugar. Les dejamos tiempo de ocio
que no saben gestionar. Sólo miran, como esperando una orden, una dirección.
La canción que les viene a la mente cuando les pedimos que nos enseñen una
que conozcan es el himno nacional. Tienen de tres a cinco años. El himno nacional.
Todo en ellos/as está modelado, su camino trazado. Les dicen cómo correr, cómo 
sentarse, como andar, cómo amar, cómo vivir. Cómo estar en silencio, cómo no 
preguntar, cómo asumir y cómo resignarse. Mis bebés, mis pequeñinas/es...

Esos pequeños soldados
al que no les han instalado el botón de ‘infancia’. Qué duro. Qué dura
la instrucción militar… ¡si pudierais verlo…! Qué duro la falta de derechos,
el pisoteo del desarrollo individual, creativo, libre. Qué dura la tristeza y
el miedo que se palpa y se mastica, denso, en el ambiente asfixiante del
aula escolar. (…) Y en la casa es peor, tantas veces.

A veces me cuesta querer seguir sabiendo. Relleno los documentos con
las directoras y no sé si quiero seguir sabiendo el historial personal de
cada niña/o. No sé si quiero seguir conociendo, no vaya a ser demasiada
información como para que pueda tolerarla. ¿Mi estrategia? La que aprendo
aquí: supervivencia. Sangre fría y alejar emociones demasiado fuertes:
asumo, casi robótica, que la mayoría de las niñas/os sufren un maltrato
físico y psicológico en casa y en el colegio… asumo que el maltrato se
extiende de forma sistemática a la mujer (niña y mujer), sin derechos
reconocidos pero con todas las obligaciones pensables… asumo que ellas
luchan, trabajan dentro y fuera de la casa, pelean por llevar a sus bebés a
la escuela (esa escuela desgraciada), mientras su marido se emborracha
con lo poco que gana y maltrata doblemente a su cónyuge, sin reservar
dinero para nada (ni comida, ni escuela). Asumo la falta de recursos, de
recursos básicos. Asumo la desigualdad de oportunidades. Asumo, a veces,
demasiado. 

Pero soy responsable, pienso. Y aprendo a hacerlo, aprendo a asumir
la realidad, casi la tarea más dura cuando te planteas en serio comprender
el mundo. Y pienso: si ellas lo asumen, yo, que estoy de su lado, tengo
que hacerlo. Porque camino con ellas.

Aunque no quiera saber, ya sé. Sé mucho, sé demasiadas cosas, manejo
demasiada información como para detenerme. Ahora sólo puedo seguir
avanzando. Y respirando. Y construyendo… Porque tengo ejemplos.
Y tengo la fuerza. (…)


Domingo, 8 de diciembre

(…) Ciertamente, hay dos historias.
Países colonizadores y colonizados. Hoy seguimos viviendo de antes.
Todo sigue. Y aquí ellas y ellos lo saben. No están ciegos. Sólo esperan.
Y, esperando, unas/os construyen, y otras/os tienen miedo. Un miedo
político. De tortura y represión. Consentida y aceptada. Ellas y ellos
lo saben, y nos juzgan también. Juzgan y saben. Nos miran.

(…) ¡Pero cómo puedo aprender tanto! ¡Cómo puedo vivir con esta
intensidad de persona despierta! ¡Cómo puede existir lo que existe, lo
que hay! (…) La vida me saca sus colores y matices cuando un niño
de un orfanato me toma la mano y camina a mi lado, hablándome pausada
y cariñosamente. Cuando sonríen, transformando esos cristales en ojos.
¡Me enseñáis tanto! (…) Yo sé que todo puede cambiar si una quiere.
El esfuerzo merece la pena, ganas en confianza y fortaleza… y eso te
permite seguir volando. (…) Aprendo, puede que no aprenda datos,
que no acumule conceptos… pero aprendo vida práctica, aprendo otras
formas, otros modos de sentir, de relacionarme y moverme por la tierra.
Vivo en contrastes.
(…)

-------------------


Y, aunque eche de menos, sé que es normal.
Y no tengo miedo, me siento fuerte.
Siento que cada vez estoy más cómoda con mis actos.
Mi mundo, interior y no interior, se expande.
Me siento más una, más sabia.

Y cuánta gente maravillosa conozco.
Es una locura saber que puedo compartir mi vida con ellas/os,
con vosotras que me leéis, aunque sea un poquito.

La vida es un regalo, y lo veo aquí con más intensidad.
Estoy agradecida sólo por haber sentido lo que siento,
por haber tenido ocasión de elegir. oportunidades,
como una que es lanzada a vivir, como una
arrojada a la existencia.

Pienso, y a veces siento… y entonces, dejo de pensar.
Y sintiendo la magia del corazón de la zona rural
me dejo llevar y me hago grande... por momentos...
Y valoro, admiro. Siento admiración y respeto.
Y siento mucho cariño.

Quiero que la fuerza, en mí también, continúe,
para poder seguir construyendo, para no cesar,
Para crecer a cada instante, para trabajar,
para levantar sonrisas y apagar violencias.

Quiero llegar al lugar que quiero llegar,
lejos, o cerca, pero llegar bien.
Quiero seguir centrándome en lo importante,
y seguir esquivando y superando lo secundario,
lo dañino o lo corrosivo.

Quiero llegar al centro, para expandirme.
Y expandir lo bueno.

Mi vida es mi agradecimiento por lo que soy y tengo.

Yo lucho y trabajo para y por la gente buena,
la que merece la pena. Porque de verdad siento
que lo que vivo y lo que veo no es justo,
NO ES JUSTO. Y no quiero que siga así.
Al menos lo estoy intentando, y sé que estoy
en la línea adecuada. Las niñas/os y mujeres
necesitan agua en la zona rural del país, es cierto.
Yo no puedo construírles pozos. Pero puedo hacer
que la espera sea menos violenta.
Se lo merecen.


Hay esperanza. Y está en nuestro trabajo,
en las manos de cada persona, que decide
en qué emplearlas.

... Y ya sabemos que lo bueno no se puede pagar con dinero,
pero aprendo también a que tampoco se puede vender...


Gracias por estar a mi lado.
Os quiero, te quiero.
-Isa-