domingo, 24 de noviembre de 2013
Delirios de pequeñez
“Y yo sé que hay momentos que no voy a olvidar,
que por ser tan intensos se me han colado bajo la piel.
Hay miradas como piedras que se me han clavado,
lanzadas en un aire caliente, espeso, silencioso.
Vivo demasiado como para no saber,
como para poder continuar sin ser consciente
de que hay presentes que duelen, punzan,
como una taquicardia en un bebito enfermo.
Una maestra que sólo se tiene a ella, a ella
y a su ingenio, su propia fuerza. Para poder
lidiar con no uno, sino todos los 'día a día'
que le permita su salud y su tiempo.
Familias que, aun queriendo, no pueden
cambiar su presente, ir a otro mundo
donde se cuiden los derechos de la infancia
y los pasos que se den no sean en vano.
Yo sé que mi presente no es el mismo,
que mis ojos están un poco acristalados,
que me encuentro ahora demasiado cerca
de una vida que no me habían explicado.
Y la claridad y la noche se suceden,
aunque no haya una persona que lo escriba.
La pobreza, el llanto, gente que muere,
fortaleza de mujeres que caminan.
Cargadas. Caminan cargadas.
Cargadas por la vida,
pero fuertes."
DELIRIOS DE PEQUEÑEZ
Tras noches delirantes...
(...) Miércoles. Estoy sentada en la camilla del hospital
de Penka-Michel en la región del Oeste. Au village.
Es mi tercer día aquí, mi cuarto día sin ducharme,
por cierto. Porque no hay agua. Ni en el hospital ni en casa.
Espero a que vengan, desde Douala, los médicos del seguro,
para marchar a la clínica privada esta tarde. Hay más de 250km,
6horas en el bus ordinario (ya hablaremos del bus), unas 3h en
vehículo privado. Tengo tantas cosas que expresar, que me
cuesta saber por dónde empezar (...)
Me sorprendo lo justo, me espero cualquier cosa. Es como
si estuviera tan sorprendida que ya no pudiera sorprenderme
nada. (...) Aún no os he dicho nada, no sabéis que estoy aquí.
Como no es grave, lo dejo, porque la palabra 'hospital' a más
de 6000km de distancia, en un medio rural del Áfrika subsahariana
parece que impone. (...)
Vivir aquí es muy duro. Ya no para mí, sino para quienes
viven aquí DE VERDAD. Yo, aún más cercana que otras
personas y un poco habituada, me sigo alarmando por situaciones
que aquí se normalizan. Todo es diferente.(...)
Es mi tercer día aquí y hemos descubierto que no tienen médico.
Que no hay médico. Ni un sólo médico en el hospital. Bueno...
partamos del lenguaje. 'Hospital' aquí y allí no tiene el mismo sentido.
Aquí no hay agua, no hay médicos, no hay luces blancas ni pasillos
limpios. No hay sábanas ni servicio de limpieza, ni de comida en
las habitaciones. No hay archivos informatizados porque no hay
ordenadores. No hay megafonía, no hay termómetros. Ni gasas
ni algodones, ni sueros ni jeringuillas.
Si necesitas algo, te lo compras. Lo pagas. Sales a la farmacia
y entras con ello. Pagas la habitación por día. Traes tus sábanas,
limpias tu baño (sin agua, recuerdo). Si no tienes dinero, pues te
vas. Te mueres. (¡quéfuerte-quéfuerte!). Ya, pues es lo que hay.
Aquí hay pobreza. Es muy duro.
(...) Nada más llegar al hospital me piden paciencia. Lo primero
que me dicen. Unas siete personas que no se identifican me
miran. (Luego me entero de que tengo una atención especial
porque soy blanca...) Me acuerdo mal pero oigo que me dicen
que no aguanto nada, que lloro como un bebé, que no soy
como ellas. Me encuentro mal y lo único que quiero es que me
atienda un equipo profesional que me quite el dolor.
Oigo como, a mi lado, discuten (medicina en mano, ya comprada)
si es útil o no ponerme una u otra. Alucino un poco, lo justo.
No siento confianza y me fastidia esa sensación. Pero no
me siento segura allí. (...) [A los días conozco que no hay persona
responsable, que muchas/os son de prácticas.]
No me preguntan nada. Ni antecedentes, ni medicación, no tienen
datos. Me ponen una vía entre cuatro, haciéndome un daño que
aún permanece en mi mano hinchada. (En la clínica privada me
dijero que me medicaron fuera de la vena, y por eso se me inflamó
tanto todo el doloroso brazo izquierdo). Me duele mucho el brazo.
Lo que me están poniendo me hace mal. Me aprieta por dentro,
como si me reventara algo. Lloro de dolor. Pido que me lo quiten.
Ríen compadeciendo mi debilidad, y preguntándome si nunca antes
me habían puesto una vía. ¿Hola? ¡Claro que sí, pero nunca me
habían destrozado el brazo de esta manera! Eso lo pienso, no lo
expreso así, claro. SOIS UNAS PEDAZO DE BURRAS. Eso
también lo pienso. Y se ríen diciendo que lloro como un bebé, que
qué voy a hacer si tengo que parir. Aquí, donde parir es como
hacer pis, cumplir una función vital femenina...
(...) Vale. Lo asumo. SOY DÉBIL. UNA PUÑETERA DÉBIL
BLANCA Y RICA. No soy como ellas. (...) Soy débil, pues vale.
Pero me encuentro mal, he venido en una moto de noche, con tres
personas (sin caso, lo sabéis, lógico), de noche, con un frío horrible,
y estoy en un hospital donde ni siquiera se me está pasando el dolor.
Lo que menos necesito es que se rían de mí diciéndome lo débil que
soy. Puede que sea una histérica también. Bueno, no es nuevo...
Paciencia, sí. (...) Hay cosas que me reservo...
Que no hay médicos. Las enfermeras asumen toda la responsabilidad.
Me indigno como europea que entiende que en un hospital
tiene que haber al menos (al menoooos) un médico/a. ¿Quién
me controla? ¿Quién me preescribe la medicación? ¿Perdóon?
La enfermera me dice que es un problema del gobierno, que no
les facilita médicos. Que ella no va a dejar morir a los pacientes,
tiene que atenderlos. Me corre frío por dentro. Siento que soy, junto
a mi compañera, como un tábano que les está fastidiando. Siempre
ha sido así, siempre han funcionado así. Y para una blanca que viene,
me pone de irresponsable y loca, imagino que pensará la enfermera.
No, no. No es su culpa. Ella hace bien su trabajo, dentro de los
medios. Al menos hace lo que puede para atender a la persona-
paciente que paga, intentando curarla. Pero todo funciona mal.
Y me duele y me cuesta asumirlo.
(...) Mientras, allí estoy yo. Con una llamada de teléfono tengo
solucionada mis papeletas. ¿Allianz Seguros, qué le ocurre? Todo
funciona bien, como funcionamos las ricas en Camerún. Un vehículo
privado llegará pronto desde Douala. (...) Tengo que asumir quién
soy. De dónde vengo, cuál es mi origen. Lo que aquí represento.
Es jodido darme cuenta. El contraste. Quién soy.
Pero más jodido es vivir y morir aquí sin escapatoria.
Courage..."
[...]
"Viernes. Qué fuerte. (...) Demasiado rico para ser real. Llevo
dos días en la Policlínica Bonanjo. Dos días de desconcierto.
¿Estoy en Áfrika? Claro. Contrastes.
Menú a elegir, opción vegetariana. (...) Desde que llegué aquí,
me he sentido como en casa. A salvo. A salvo de la pobreza.
Qué fuerte. Qué fuerte, me repito. Lo que hace el dinero. Un
trato atento, agradable, profesional. El dinero. El dinero que pagué
allí en España antes de venir. El seguro. Estoy asegurada. Asegurada
contra la pobreza y sus males. Qué fuerte.
Fue muy duro llegar aquí, ver las diferencias los contrastes.
Creo que tengo que asumir mi condición de privilegiada. Asumir
quién soy y de dónde vengo. Asumir que somos blancas, ricas
aquí, que venimos de otro mundo. Parece 'lógico' pero no es
nada fácil.
Tengo una habitación privada. Con balcón privado, y mesa con sillas
para tomar el aire. Armario privado, tele privada y baño con agua,
no sólo agua sino fría y caliente. Baño con bidé. Bidé privado.
Tengo nevera privada en mi habitación. Tengo una habitación privada.
Es decir. Dentro de uno de los barrios más ricos de la ciudad
de Douala, Bonanjo, donde están todos los bancos y las
grandes sedes de empresas extranjeras, donde están todos los blancos
y las blancas; dentro de este barrio, está esta clínica, una de las mejores
y más caras de aquí. Y dentro de esta clínica, con pasillos limpios
y amplios, servicio de habitaciones y un patio con una fuente gigante,
estoy en una de las habitaciones mejores, con todo privado. En un
apartado rotulado con una placa que pone 'Alto Standing'.
Muy fuerte. Muy fuerte. Paciencia.
(...) El seguro de viaje funciona. Aconsejo siempre hacerlo. Porque
en momentos en los que se tambalea todo tu esquema, en los que
te agobias y DE VERDAD echas de menos lo que tienes allí,
una llamada te soluciona la papeleta devolviéndote a lo que eres:
una mujer nacida en España que se ha pagado un caro seguro de
viaje anual para cubrir su viaje temporal en Camerún.
(...) Estoy transformando mi mundo. Mi aparente normalidad. La
realidad, el presente, no depende todo de mí. Tengo que asumir
que en mi mano está cambiar un poco, no puedo todo. Nadie puede.
Hay que asumir quién eres para evitar el bloqueo y avanzar. (...)
Me doy cuenta de que la mayoría de las cosas que vemos normales
allí no son tan 'normales', sino meros privilegios de gente rica. Y ya
sé que todas/os sabemos la teoría, eso que nos cuentan de que somos
afortunadas/os y que 'en Áfrika...'. NO, NO, PERDONAD. Pero
aquí no se trata de teorías. De frases aburridas que nos han repetido
tantas veces que han perdido su fuerza y hemos normalizado. Se trata
de ver lo que hay, de SENTIRLO, de saberlo. Allí nos parece claro
que la sanidad pública es un derecho, y que es 'normal' que si estás
enferma te atiendan bien, que te recoja una ambulancia si tienes
una emergencia, y que te cuiden con medicamentos y alimentos
apropiados. Allí es 'normal' que te limpien las sábanas si están
llenas de sangre. Es normal que te las limpien aunque no tengan manchas.
Y cuando algo funciona distinto a lo que nos esperábamos, o tardan un
poco más en atendernos, ponemos el grito en el cielo. Y criticamos,
odiamos, nos enfadamos, gritando nuestra desgracia y mala
fortuna. Qué falta de perspectiva.
La cuestión empieza donde empieza tu concepto de 'normalidad'.
Estoy aprendiendo tanto aquí. Aquí, donde es normal ser pobre.
Normal no tener agua en un hospital. Normal morirse por no poder
pagar el tratamiento médico. Normal ser un niño/a desnutrida y con las
articulaciones deformes por la descalcificación. Normal que te arrase
una moto, normal que no aparezca ambulancia ni policía a tu socorro,
normal ir a un hospital y encontrar la ausencia de médico. Normal
pagar todo, hasta los guantes de la enfermera. Normal aguantar los
síntomas con remedios tradicionales hasta llegar al hospital a morir.
Normal morir. Normal la pobreza. Donde lo anormal es mi vida.
LO VES, LO PALPAS. Mi concepto de normalidad es sólo eso,
un concepto. Una idea. Entre muchas, tantas. He vivido en una burbuja,
puede que tú que me lees te estés dando cuenta de que también lo
estás haciendo. Pero cuesta demasiado salir y romperla, explotarla.
Porque cuesta demasiado, es demasiado duro eliminar la distancia
física entre los dos mundos (la riqueza y la pobreza), y SENTIR, saber
quién eres, más allá de las teorías.
Forzosamente eres otra. Otra nueva. Aunque entres en otra rutina.
Ya soy otra. Asumo el presente y sigo construyendo.
No me culpo ni quiero hacerlo por ser quien soy: una afortunada.
No voy a hacer de mi fortuna una desgracia, sería absurdo e irrespetuoso
hacia quienes sufren de veras. Sólo voy a ser consciente de mi fortuna,
me lo voy a recordar. La voy a disfrutar, cuando toque, y voy a seguir
aprovechando mi situación para generar bien en las y los demás.
Que no es fácil, pero es posible."
Estoy cogiendo muchas fuerzas,
estoy creciendo, mucho.
Y siempre apoyaré, como las grandes, las pequeñas luchas,
allí o aquí, no importa. Sólo digo que también es buena
una dosis de humildad, de cambiar la queja por una lucha más
positiva, más creativa, más activa, de las de verdad.
HAY MUCHA GENTE BUENA.
Es importante recordarlo para seguir avanzando.
Muchas gracias por el cariño, la atención, el apoyo.
A quienes me piensan, me llaman, me escriben. Desde cualquier parte.
Sobre todas las fortunas, la más grade es esa: es el arropo
que personas como vosotras, como tú, me dais. En cualquier
grado y en cualquier medida.
Estamos en lo mismo.
Os quiero.
-Isa-
miércoles, 30 de octubre de 2013
Lo que te enseña un mercado...
“Y busco referentes en cada momento.
Siempre referentes. Siempre los encuentro.
De aquellas y aquellos que lo consiguen cada
día,
Que consiguen caminar, superando problemas y
Dolores de esos que dejan cicatrices en la
mirada…
transformando su tristeza en fuerzas para
seguir.
Y lidio ya con hábito y rutina ciertas
situaciones.
Aunque una no deja nunca de cuestionarse mil
cosas.
Pero me fortalece el día a día, me fortalezco,
Por supervivencia o adaptación, por necesidad,
Porque quiero continuar haciendo lo que hago,
Y trabajar de la mejor manera que pueda, dado
este
Contexto, dados mis medios… dado el presente.
Y claro que flojeas por ratitos. Pero el día es
muy
Largo, y la recompensa de la noche de antes de
ir a
Dormir, recién refrescada por unos trozos de
piña
Y papaya local, y tumbada bajo la mosquitera de
cuento
De princesas, es enorme. Y agradeces como regalo
Los cubos de agua fría que te sirven de ducha.
Y cuando vas cargada, pesándote el cuerpo,
Zambullidos los pies (y sucios de barro los
gemelos)
En esa tierra movediza bajo una lluvia que cala,
Y de pronto ésta se vuelve más suave, hasta casi
ni sentirla,
Sonríes como si no hubiera nada mejor que
pudiera pasarte.
Claro que cambian tus percepciones, cómo no…
Y una llamada de teléfono puede hacerme
Sentirme más tranquila, sentirnos cerca,
Sentir que el cambio que estoy viviendo
Tiene sentido, y querer compartirlo.
Y un abrazo amigo me devuelve al presente.
Griterío y sonrisas de mis peques.
Y miro el pañuelo de mi mano izquierda,
y siento fuerza. Como un símbolo que me
agarra al momento actual, como un torbellino.
Y me cuido, me sonrío. Me cuido mucho.
Como chocolate camerunés con cacahuetes,
Un pilar base de la nutrición local.
Los cacahuetes, digo.”
…
En el Marché de Bonamoussadi hoy hay más gente
que otras veces. Es Sábado por la mañana y muchas mujeres vienen a comprar. A
comprar para el día. Unos tomates, un par de cebollas, algo de ‘condimento
verde’, y unos cubitos Maggi. Sí, claro, era verdad la leyenda de los Maggi en
el África central, ya lo sabíamos…
La globalización deja de ser una teoría cuando
te mueves por el mundo y la compruebas a cada instante. Podría hacer una lista,
más allá del ya asumido dominio global de CocaColaCompany y la Nestlé… Pasando por Palmolive-Colgate, Nivea, Inditex (Zara,
Stradivarius,etc.) y llegando A Vino Tinto el Tío de la Bota… puedes ver un motocarro
que repone en las boutiques el detergente Ariel mientras pasas al lado de un
gran edificio estilo centroeuropeo de la gran compañía Orange. (Los colonos
tenían que dejar su impronta, no podía ser de otro modo). No sé. Quien no se
hubiera imaginado un Zara en el centro de una ciudad del Áfrika Subsahariana como
Douala es que no sabía que lo de la globalización iba en serio. Supongo.
Bueno, volvemos al mercado. El mercado, como
todos los mercados de las grandes ciudades africanas (según se ve por lo que decimos
todas/os las viajeras/os) es un foco de contrastes, reflejo de la misma
sociedad, definida por ser un permanente flujo de contrastes también. Los
puestos de frutas y verduras se entrecruzan con los de peluquerías y
‘droguerías’ donde puedes encontrar tu desodorante Sanex favorito (si eres
pudiente, claro… porque el precio de los productos europeos sobrepasa la media
de los bolsillos populares)… Lo de las peluquerías es para comentarlo en otro
momento. Merecería un especial a parte. El pelo europeo es guay y los
peluquines y pelucones de imitación a nuestro pelo se cosen a los ricitos
africanos para lucir una cabellera muy apreciada aquí. Un pelo artificial que
se cortan y tiñen como si fuera propio. Por fortuna, pienso, muchas mujeres
emplean esas extensiones de pelo de plástico para hacerse esas trenzas
multicolores que tanto me encantan y son tan propias de la zona. Cosas de
mujeres, claro.
Andando entre el suelo embarrado y los pasillos
angostos me pesa el calor mezclado con ese olor indefinible, como de carne de
tres días fuera de la nevera y zumo de uva. Entre los sacos de patatas y los
hombres empujando carretillas abarrotadas que te aprietan contra mujeres robustas me mareo un poco, mientras sigo
caminando. Hay mucho ruido, en cada puesto las mamás me llaman, a veces
agarrándote. Quieren que compre en su puesto. Oigo ‘blanche’ tres veces a cada
tres pasos que doy. Estoy cansada, quiero comprar e irme. Quiero pasar desapercibida. Vamos, quiero lo imposible… Así que,
respiro hondo, y
tranquila sigo el recorrido laberíntico con calor de sauna. Y pienso en
el paso a paso. Superando agobios, centrada en el momento.
Soy un billete con patas. Me pese, me enfade, o
lo que sea. Me parezca repugnante, o desprecie la situación económica global.
Da igual. Lo que yo piense no importa. Que yo en Europa sea de la clase media o
sea muy rica no importa. Que estar aquí me esté costando mucho dinero y
esfuerzo y no pueda permitirme más que lo justo no importa. Importa el color de
mi piel, importa mi condición de blanca, de la que no me puedo desprender, a la
que estoy atada. Las mamás me dicen que compre más, me duplican los precios (o
triplican, según la buena fe de la vendedora), porque allí en Europa vivimos a
todo tren y trabajamos cuatro horas en
una oficina y cobramos mucho. El prejuicio a lo europeo viene fomentado por los
medios de comunicación, y por la realidad misma. No lo culpo. Lo comprendo. Me
resigno, aunque siempre intento dialogar, por eso del amor a muchas cosas africanas y el
desprecio a las ciertas malas prácticas europeas. Y para evitar hablar de
paraísos e infiernos, y compartir una visión de cada zona más real. Quede
claro, sobre todo a las personas que aún no habéis tenido la fortuna de vivir
en otro entorno: ni esto es el infierno ni allí es el paraíso, ni viceversa.
CONTRASTES. Contrastes es la clave. Lo del ' bon sauvage' ya lo
superamos y tenemos que ser muy críticas en toda tierra que pisemos.
Criticar para construír, para crear, siempre. Quedarnos con la magia y
eliminar los tratos denigrantes. ¡Menuda
tarea, lo sé! Lo sé, creedme… En ello estoy.
En el pasillo de los pollos el olor se intensifica.
Decenas de pollos a cada pasillo hacinados en cajones de madera. Me ofrecen los
pollos, cogiéndolos y acercándomelos a la cara. Me ofrecen el más grande.
'Non, merci, merci', y sonrisa rara. Cuando alguien compra un pollo, manteniéndole vivo le enseñan la pechuga a la
persona. Si dice que sí, un tajo con cuchillo en seco en la nuca y lo tiran al
bidón para que se desangre. El bidón se mueve hasta que el pollo muere. Lo
despluman quemándolo y rápidamente: ¡bingo! Pollo en bolsa de plástico listo
para llevar. Con el calorcito que tenemos encima, no os digo... Me sorprende lo
justo, casi menos violento que las industrias matapollos que hay por ahí desde
donde leéis. La filosofía vegana es la que es, no importa dónde. Aquí es otra
cosa. Al menos desde la higiene, salubridad y esas cosas. Muy curioso, cuanto
menos. Hay que ser fría a veces. Fría o práctica.
No puedo evitar sentirme un poco incómoda por
momentos. Pienso que me gustaría fundirme en el negro de sus pieles y dejar de
ser lo que soy aquí, en medio del mercado. Me gustaría coger un taxi sin tener
que quitarme a varios hombres que me agarran para que me suba en su moto. Estoy
cansada y me gustaría pasar desapercibida, desconectar mi diferencia sólo un
ratito. Pero no puedo. Lo asumo. Es el precio. El precio. Un precio pequeño, al
fin y al cabo. Para el que hay que estar preparada, y para el que tienes que
ser fuerte. Pero un mínimo precio comparado a mi fortuna. Y me siento un poco
mal hasta por sentir esa ansia por ‘ser normal’ en este entorno, donde yo soy
la blanca adinerada que puede decidir por dónde moverse y cuánto quedarse. ¿De
verdad quiero fundirme con esta “normalidad”? Es difícil. Sé que vosotras/os sentiríais lo mismo.
Supongo que no me explico bien. No es fácil
compaginar los dos mundos que sabes que existen, que vives y sientes, y sabes
que son tan diferentes que te parece mentira que compartan un mismo presente.
No es fácil asumir la realidad, pero no queda otra, si es que quieres ayudar a
cambiarla. Más allá del mercado, de las compraventas y los taxis abarrotados,
más allá de los pies descalzos y los 4x4 de lujo, más allá de las cocacolas de
60cl y de los panes con mantequilla, está el presente aquí. Cada mirada esconde
tanto. O no lo esconde, lo refleja. Depende.
El día a día endurece, no es lo
mismo mi mirada hacia un problema que su propia mirada. Puede que yo magnifique
o ellas/os minimicen, pero el caso es sobrevivir y aquí no hay cuentos que
valgan si quieres salir adelante. Y aunque tantas cosas parezcan similares a lo
‘europeo’, una base que diferencia lo cubre todo. Puede que una boda de gente
rica de aquí te recuerde a una boda de tu pueblo. Pero la estructura que
envuelve a la condición de la mujer aquí, sus límites en su decisión, y el peso
del patriarcado tradicional te marcan la clave si rasgas un poco. Hay que
rasgar. A veces mucho, para aprender. Y poder mantener una conversación con
población local superando diferencias básicas (BÁSICAS) a veces cuesta mucho
esfuerzo, pero es clave para seguir aprendiendo. Cuanto más conozca, más
acertada será mi intervención, pienso. Y quiero cometer los mínimos errores y aprender lo máximo...
Y las sonrisas siguen siendo la clave,
Mi fuerza, mi apoyo, mi señal
De que estoy haciendo las cosas bien.
Y a veces me gustaría quedarme para siempre,
Pero "siempre" también tiene un fin,
Y asumo que es imposible llegar a todo,
Llegar a todas, a todos.
Y la frustración la voy sustituyendo
Por ganas de construír en el ahora,
El aquí, con este grupo de personas,
Para poder sentar la base, las bases
De algo que considero básico:
El respeto a la infancia, a la integridad
De la niña y el niño, su derecho a disfrutar,
A evitar el sufrimiento innecesario,
Su derecho a ser niña/o. A reír.
Y son sus ojitos y sus sonrisas las que
Me animan a superar todos los obstáculos
Que vienen de dentro y de fuera,
De una y otra estructura,
De gente que desconoce la realidad
Pero presiona y decide sobre ella,
Influyéndola y empeorándola…
Hay que caminar muy despacio,
Pero caminar sobre seguro.
Y coger fuerza. Cada momento.
Aquí todo es muy intenso.
Pero estoy donde tengo que estar.”
Os quiero mucho. Muchas gracias.
Siempre gracias por el cariño que siento.
Estamos juntas/os, ya lo sabéis.
Miles de abrazos.
-Isa-
martes, 8 de octubre de 2013
Desde la zona rural, con los pies embarrados...
Bambi es mucho más que el nombre de un cervatillo.
Eso pensaba mientras me acercaba por el camino embarrado,
levantando con fuerza los pies para evitar que se me quedaran
atascados en esa tierra densa y roja, poco firme, muy espesa.
Allá donde no se ven grandes edificaciones, donde la huella humana
a veces sólo se intuye por la huella de sus pies en esa tierra roja
y blanda, o por los cultivos ordenados a orillas del camino...
Allí donde se acaba un camino, donde hay una frontera, donde llueve
fuerte y duro, donde el paso se hace barro... allí está Bambi.
Todas las miradas se depositan en mí, ahora. La actividad del tiempo
de recreo se pausa. Las adolescentes sonríen como tímidas y curiosas,
algunas saludan entre risitas. Las más pequeñas/os corretean, se quedan
pasamadas/os o lloran, veo distintas reacciones. Una blanche ha venido
al colegio, a nuestro colegio. Una mezcla entre extrañeza y alegría.
En la escuela maternal (así se llaman las escuelas infantiles, que cada cual
saque la reflexión pertinente...) de Bambi no hay juguetes ni telas de
colores. No hay dibujos ni libros que estimulen y diviertan, de ésos
con los que nos encanta trabajar a las educadoras europeas... No hay
papeles, no hay cuadernos, no hay lápices ni colorines. Ni tijeras ni
pegamentos, ni pintura de dedos ni cartulinas para dibujar.
Las niñas y los niños de Bambi se sientan en fila, todas juntitas/os,
mirando a una pared-pizarra, donde la directora de la escuela repite
en voz alta nombres de objetos que ella misma ha dibujado en la
pizarra. Son casi cincuenta, de entre tres y cinco años. Cantan al
unísono en respuesta a las órdenes de la directora, que dirige el ritmo
con una vara de madera.
Muchos ojitos me miran curiosos. Me siento en una esquina, y apenas
les quiero mirar, para que sigan atentas/os a la directora, para que no
se distraigan y no les zarandeen como castigo por estar mirándome.
Estoy observando todo. Caminan lento hacia la pizarra a la respuesta
de 'Madame, J'arrive!' Con poco o nada de entusiasmo, mirando hacia
abajo. Bueno... algún gesto juguetón aparece en alguno... y sonrío como
aliviada de que queda algo de inocencia viva.
No puedo evitar comparar, aunque ya sé que 'esto no es Europa',
aunque sé bien que esto es diferente, que 'ici c'est comme Ça?... pero
no puedo evitarlo, no es fácil cerrar los ojos y asumir la realidad
sin más, sin hacerme miles de preguntas... Comparo porque en mi
noción de 'realidad'no entraba esto, porque leerlo o pensarlo no es
lo mismo que verlo, vivirlo, y ser consciente de que existe...Y también
porque no veo un aula llena de alegría
y juego, ni entusiasmo por aprender, ni preguntas;
porque no veo niñas/os inquietas/os toqueteando todo lo estimulativo
de su entorno, sino que veo petits enfants regañados por descruzar los
brazos mientras se sientan para repetir lo que la Madame dice en una voz
muy alta (innecesariamente, pienso). 'Ici c'est comme Ça', de acuerdo.
Pero podría ser de otra manera, hay un horizonte abierto, una puerta...
y pienso que es ahí donde encuentro el sentido de estar aquí.
Tengo que cambiar rápido, para adaptarme a cada situación.
No puedo juzgar sin aber, sin conocer las necesidades que envuelven
cada entorno. No puedo mirar a la directora-sargento con recelo o con
cierto enfado por ver cómo adiestra a las niñas/os. No puedo, cuando
nos despedimos y en forma de semi-reverencia agradece mi presencia
y me dice que espera agradecidamente que pronto llegue allí
a trabajar para ayudarles.
No puedo, porque la necesidad es inmensa, y ella hace su trabajo
de la mejor manera que puede y sabe. No puedo, no puedo juzgar
nada, no puedo pensar en términos morales, sino puramente prácticos.
Y cada vez comprendo más cosas, y veo lo complicado que es
determinar una sola línea de actuación, que todo tiene múltiples
focos, varias causas... que la teoría simplifica, lo simplifica y
reduce tanto que se aleja de la realidad...
Sólo puedo admirar a las personas que viven aquí,
que luchan y sonríen, que caminan cada día muchos kilómetros,
muchos pasos, para venir a Bambi a recibir esta educación,
porque no hay otra salida. Admiro a las profesoras de todas
las escuelas rurales que, entre la tierra roja, dicen que quieren avanzar
y hacer mejor su trabajo y no saben cómo.
Admiro a las mujeres que sólo son consideradas en función
de su 'capacidad' para críar hijos/as, admiro su lucha diaria,
su sonrisa, su trabajo y la dignidad de su día a día.
Sólo puedo sentir respeto por el joven que critica
el gobierno de su país, que trabaja
y estudia, y lucha por conseguir mejorar
su situación personal y familiar.
A la joven que aguanta los acosos callejeros,
y los de dentro de casa, y que trabaja dentro y fuera.
Admiro y respeto a esos pequeñitos ojos que miran duro,
como si fueran de piedra, que tienen una expresión seria,
que no ríen. Los admiro porque saldrán adelante y vivirán sin
hacer daño al mundo, pese a lo que el mundo
les ha hecho sufrir. Son mi motivación.
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... Y de pronto verme...
aquí en el corazón de Áfrika,
con ocho meses de tiempo por delante
para trabajar aquí, llena de ilusiones y de fuerza de trabajo...
Y pienso:
Aunque yo no hiciera nada, aunque me quedara
sentada toda la vida, yo iría
envejeciendo igualmente. Mis pieles se arrugarían y
colgarían, mis músculos se desinflarían, mis huesos
rasparían en las articulaciones, mi voz temblaría,
y quizás la comida me supiera más gris
y algún dolor me molestaría bastante.
Aunque yo permaneciera toda mi vida en una hamaca,
el tiempo pasaría por mí.
Eso pienso a veces, como reforzando mi idea
de que actuar es lo que me da vida.
Y porque mi vida a pasar igualmente,
con el tiempo... por eso prefiero moverme y aprender.
Y sentir un ENTUSIASMO que me devora muchas veces.
Como un arrebato,
un arranque ardiente de furia que me rodea
y me arde dentro con fuerza renovada.
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Si es un poco eso de que 'nada humano me es ajeno',
pues entonces quiero aprender bien cómo otras personas,
con otros puntos de vista, intentan llevar
o llevan esta existencia. Quiero saber, deseo saber, conocer.
Comprobar como las distintas poblaciones humanas resuelven
los problemas diarios, y los filosóficos
a los que se enfrentan por su misma condición de ser humanas.
Mi motivación para estar aquí es la misma cada día.
Yo me examino también, como
humana que se encuentra en otro entorno al que no
está habituada. Me examino cómo pienso,
cómo me voy sintiendo, dónde y con quién
me voy sintiendo mejor...
Y tengo esos momentos en los que siento que estoy
unida al presente, exactamente igual
que cuando lo siento allá,
a seis mil kilómetros,
con mi familia y amistades. Son momentos.
Soy una intrusa en una realidad que me es ajena.
Pero que poco a poco la voy haciendo mía
también, me mimetizo con ella y bailo a su ritmo.
¿Es ése el aprendizaje? ¿Quizás la tan
grandiosa adaptabilidad humana, o mía ahora?
¿Y dónde queda? ¿Y para qué?
Todo el tiempo pregunto. Aunque viva y fluya.
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Quiero mandar y mando toda mi mayor positiva energía
a mi madre y a mi padre, especialmente.
También a mi hermana, a mis tías y a mi demás familia
y personas amadas. A ti. Para que sintáis esta gran fuerza
que aquí recojo, para que os cuidéis y podáis vivir un presente
feliz, placentero. Para que estéis tranquilas/os por mí y sepáis
bien que yo soy feliz haciendo y viviendo esto.
Sé bien lo que sentís estando allí, porque yo también he estado...
Porque, aunque estemos lejos en kilómetros, os pienso y os amo cada día.
Os dedico el mejor de mis trabajos, comparto con vosotras/os
la mejor de mis sonrisas.
Siento vuestro cariño en los dolores y vuestra fuerza ante los nuevos retos.
Vivimos un mismo presente de esfuerzo y lucha, de pasión pese a la rutina.
Aunque estemos lejos en kilómetros, nos pensamos mutuamente.
En el metro o en la cocina. Yo entre el barro o en escuelas.
Hago lo que quiero hacer, me siento libre. Estoy disfrutando
y aprendiendo... tanto como yo quiera. Deseo mucha paz y bienestar
para allá, mi gente amada,mi gente que vive. Yo también espero,
yo también vivo pensándoos.
Estemos felices de poder compartir distintas realidades.
Estemos tranquilas/os.
Y que todo fluya al viento, con fuerza y suave.
Y la nueva fuerza crezca...
-Isa-
Eso pensaba mientras me acercaba por el camino embarrado,
levantando con fuerza los pies para evitar que se me quedaran
atascados en esa tierra densa y roja, poco firme, muy espesa.
Allá donde no se ven grandes edificaciones, donde la huella humana
a veces sólo se intuye por la huella de sus pies en esa tierra roja
y blanda, o por los cultivos ordenados a orillas del camino...
Allí donde se acaba un camino, donde hay una frontera, donde llueve
fuerte y duro, donde el paso se hace barro... allí está Bambi.
Todas las miradas se depositan en mí, ahora. La actividad del tiempo
de recreo se pausa. Las adolescentes sonríen como tímidas y curiosas,
algunas saludan entre risitas. Las más pequeñas/os corretean, se quedan
pasamadas/os o lloran, veo distintas reacciones. Una blanche ha venido
al colegio, a nuestro colegio. Una mezcla entre extrañeza y alegría.
En la escuela maternal (así se llaman las escuelas infantiles, que cada cual
saque la reflexión pertinente...) de Bambi no hay juguetes ni telas de
colores. No hay dibujos ni libros que estimulen y diviertan, de ésos
con los que nos encanta trabajar a las educadoras europeas... No hay
papeles, no hay cuadernos, no hay lápices ni colorines. Ni tijeras ni
pegamentos, ni pintura de dedos ni cartulinas para dibujar.
Las niñas y los niños de Bambi se sientan en fila, todas juntitas/os,
mirando a una pared-pizarra, donde la directora de la escuela repite
en voz alta nombres de objetos que ella misma ha dibujado en la
pizarra. Son casi cincuenta, de entre tres y cinco años. Cantan al
unísono en respuesta a las órdenes de la directora, que dirige el ritmo
con una vara de madera.
Muchos ojitos me miran curiosos. Me siento en una esquina, y apenas
les quiero mirar, para que sigan atentas/os a la directora, para que no
se distraigan y no les zarandeen como castigo por estar mirándome.
Estoy observando todo. Caminan lento hacia la pizarra a la respuesta
de 'Madame, J'arrive!' Con poco o nada de entusiasmo, mirando hacia
abajo. Bueno... algún gesto juguetón aparece en alguno... y sonrío como
aliviada de que queda algo de inocencia viva.
No puedo evitar comparar, aunque ya sé que 'esto no es Europa',
aunque sé bien que esto es diferente, que 'ici c'est comme Ça?... pero
no puedo evitarlo, no es fácil cerrar los ojos y asumir la realidad
sin más, sin hacerme miles de preguntas... Comparo porque en mi
noción de 'realidad'no entraba esto, porque leerlo o pensarlo no es
lo mismo que verlo, vivirlo, y ser consciente de que existe...Y también
porque no veo un aula llena de alegría
y juego, ni entusiasmo por aprender, ni preguntas;
porque no veo niñas/os inquietas/os toqueteando todo lo estimulativo
de su entorno, sino que veo petits enfants regañados por descruzar los
brazos mientras se sientan para repetir lo que la Madame dice en una voz
muy alta (innecesariamente, pienso). 'Ici c'est comme Ça', de acuerdo.
Pero podría ser de otra manera, hay un horizonte abierto, una puerta...
y pienso que es ahí donde encuentro el sentido de estar aquí.
Tengo que cambiar rápido, para adaptarme a cada situación.
No puedo juzgar sin aber, sin conocer las necesidades que envuelven
cada entorno. No puedo mirar a la directora-sargento con recelo o con
cierto enfado por ver cómo adiestra a las niñas/os. No puedo, cuando
nos despedimos y en forma de semi-reverencia agradece mi presencia
y me dice que espera agradecidamente que pronto llegue allí
a trabajar para ayudarles.
No puedo, porque la necesidad es inmensa, y ella hace su trabajo
de la mejor manera que puede y sabe. No puedo, no puedo juzgar
nada, no puedo pensar en términos morales, sino puramente prácticos.
Y cada vez comprendo más cosas, y veo lo complicado que es
determinar una sola línea de actuación, que todo tiene múltiples
focos, varias causas... que la teoría simplifica, lo simplifica y
reduce tanto que se aleja de la realidad...
Sólo puedo admirar a las personas que viven aquí,
que luchan y sonríen, que caminan cada día muchos kilómetros,
muchos pasos, para venir a Bambi a recibir esta educación,
porque no hay otra salida. Admiro a las profesoras de todas
las escuelas rurales que, entre la tierra roja, dicen que quieren avanzar
y hacer mejor su trabajo y no saben cómo.
Admiro a las mujeres que sólo son consideradas en función
de su 'capacidad' para críar hijos/as, admiro su lucha diaria,
su sonrisa, su trabajo y la dignidad de su día a día.
Sólo puedo sentir respeto por el joven que critica
el gobierno de su país, que trabaja
y estudia, y lucha por conseguir mejorar
su situación personal y familiar.
A la joven que aguanta los acosos callejeros,
y los de dentro de casa, y que trabaja dentro y fuera.
Admiro y respeto a esos pequeñitos ojos que miran duro,
como si fueran de piedra, que tienen una expresión seria,
que no ríen. Los admiro porque saldrán adelante y vivirán sin
hacer daño al mundo, pese a lo que el mundo
les ha hecho sufrir. Son mi motivación.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
... Y de pronto verme...
aquí en el corazón de Áfrika,
con ocho meses de tiempo por delante
para trabajar aquí, llena de ilusiones y de fuerza de trabajo...
Y pienso:
Aunque yo no hiciera nada, aunque me quedara
sentada toda la vida, yo iría
envejeciendo igualmente. Mis pieles se arrugarían y
colgarían, mis músculos se desinflarían, mis huesos
rasparían en las articulaciones, mi voz temblaría,
y quizás la comida me supiera más gris
y algún dolor me molestaría bastante.
Aunque yo permaneciera toda mi vida en una hamaca,
el tiempo pasaría por mí.
Eso pienso a veces, como reforzando mi idea
de que actuar es lo que me da vida.
Y porque mi vida a pasar igualmente,
con el tiempo... por eso prefiero moverme y aprender.
Y sentir un ENTUSIASMO que me devora muchas veces.
Como un arrebato,
un arranque ardiente de furia que me rodea
y me arde dentro con fuerza renovada.
-----
Si es un poco eso de que 'nada humano me es ajeno',
pues entonces quiero aprender bien cómo otras personas,
con otros puntos de vista, intentan llevar
o llevan esta existencia. Quiero saber, deseo saber, conocer.
Comprobar como las distintas poblaciones humanas resuelven
los problemas diarios, y los filosóficos
a los que se enfrentan por su misma condición de ser humanas.
Mi motivación para estar aquí es la misma cada día.
Yo me examino también, como
humana que se encuentra en otro entorno al que no
está habituada. Me examino cómo pienso,
cómo me voy sintiendo, dónde y con quién
me voy sintiendo mejor...
Y tengo esos momentos en los que siento que estoy
unida al presente, exactamente igual
que cuando lo siento allá,
a seis mil kilómetros,
con mi familia y amistades. Son momentos.
Soy una intrusa en una realidad que me es ajena.
Pero que poco a poco la voy haciendo mía
también, me mimetizo con ella y bailo a su ritmo.
¿Es ése el aprendizaje? ¿Quizás la tan
grandiosa adaptabilidad humana, o mía ahora?
¿Y dónde queda? ¿Y para qué?
Todo el tiempo pregunto. Aunque viva y fluya.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Quiero mandar y mando toda mi mayor positiva energía
a mi madre y a mi padre, especialmente.
También a mi hermana, a mis tías y a mi demás familia
y personas amadas. A ti. Para que sintáis esta gran fuerza
que aquí recojo, para que os cuidéis y podáis vivir un presente
feliz, placentero. Para que estéis tranquilas/os por mí y sepáis
bien que yo soy feliz haciendo y viviendo esto.
Sé bien lo que sentís estando allí, porque yo también he estado...
Porque, aunque estemos lejos en kilómetros, os pienso y os amo cada día.
Os dedico el mejor de mis trabajos, comparto con vosotras/os
la mejor de mis sonrisas.
Siento vuestro cariño en los dolores y vuestra fuerza ante los nuevos retos.
Vivimos un mismo presente de esfuerzo y lucha, de pasión pese a la rutina.
Aunque estemos lejos en kilómetros, nos pensamos mutuamente.
En el metro o en la cocina. Yo entre el barro o en escuelas.
Hago lo que quiero hacer, me siento libre. Estoy disfrutando
y aprendiendo... tanto como yo quiera. Deseo mucha paz y bienestar
para allá, mi gente amada,mi gente que vive. Yo también espero,
yo también vivo pensándoos.
Estemos felices de poder compartir distintas realidades.
Estemos tranquilas/os.
Y que todo fluya al viento, con fuerza y suave.
Y la nueva fuerza crezca...
-Isa-
martes, 24 de septiembre de 2013
Con el sentimiento en la mano, digo...
La costumbre.
La que nos normaliza nuestra
conducta atípica, insensible,
nuestra rutina destructora,
y, lo peor, casi:
autodestructiva.
La costumbre que nos ciega
y nos permite seguir viviendo el día
con relativa tranquilidad.
La que nos hace molesta
cualquier visión de la realidad más allá
de lo que nos apetece ver...
"Si no estamos bien todas, esto no tiene sentido."
"No tiene sentido", me repito.
----
Donde una imagen de coche moderno
se mezcla con mujeres bailando en torno
a un muchacho bien trajeado,
y una imagen de la santa biblia
se cuela en la pantalla, por sorpresa.
Donde no valen las palabras,
sino las acciones de cambio,
donde hay desconfianza
ante lo extranjero, y cierto celo...
Donde hay necesidad, donde hay silencio.
Donde tantas personas han sido
olvidadas,
antes siquiera de haber nacido.
----
A ti que me lees, europea de clase
media. A ti te señalo con el dedo
con cierto odio, con cierta rabia.
Sin ser yo la que habla, siendo
una otra persona cualquiera.
A ti, porque no puedo ya señalar
más alto. Porque mi dedo tiene
un poder limitado de alcance.
Sé que te piensas víctima, mas
desconoces tu poder efectivo.
Te señalo y señalo tus vicios. Tu
hipócrita discurso cuando hablas
de hacer política. Te señalo cuando
hablas de hacer democracia, de
las estructuras, de los tiempos.
Me dirijo a ti, neoburguesa, charlatana.
Me dirijo a ti y te culpo. Sólo por
limar mi rabia, la nuestra. Tu complicidad
tiene un precio. Un precio que tú no
estás viendo ahora, pero que salpica.
Te señalo desde la desesperación
también. Te señalo con la impotencia
de quien se siente atrapada en un
presente que esclaviza y no encuentra
un mañana en el que mantenerse.
Te señalo como un símbolo. Como
para que sepas que sé que eres culpable.
Que tu hazaña no ha pasado desapercibida.
Que te vigilo, desde la distancia, pero
muy cerca al mismo tiempo.
Pero no ha de ser mía la pena,
sino tuya. Que eres consciente
del sufrimiento que conlleva este
sistema, y no eres capaz de ceder
tus beneficios por cambiarlo.
Te señalo con una ira adolescente
de quien no asume que las cosas
no funcionen como debieran...
Desde un dolor profundo al saber,
al ver, que el daño sigue viviendo...
Me dirijo a ti, para decirte
que hay muchos mundos más allá
de tu burbuja. De tu ajetreo de trenes
y trabajos, de currículum y llantos.
Más allá de tu mundo...
Y si yo he podido verlo,
que soy una humana cualquiera,
si yo he podido hacerlo, dar el salto,
de la rabia a la construcción,
de la desesperación al trabajo...
Si yo he podido hacerlo,
no hay excusa posible que
te haga mantener tu condición
de persona opresora...
Me dirijo a ti, como última esperanza,
porque necesito tu fuerza también
para seguir construyendo,
porque las generaciones siguen
sufriendo en sus carnes
dolores evitables...
Y no hay excusa que sostenga
tu teoría, tus palabras.
No hay excusa. No hay excusa.
La necesidad no entiende de excusas.
Y nuestra vida avanza,
y nuestro trabajo permanece.
Sólo el trabajo, el cariño,
la pasión por la propia tarea...
Las palabras vuelan.
Y no hay excusa.
--------------------------
Me perdonáis que escriba en abstracto. Pienso a ratos que es la mejor manera que tengo de transmitir un mensaje, un sentimiento tan intenso. Por aquí el trabajo avanza. Seguiré en Douala esta semana, con distintas tareas pendientes de la organización.
Superada la dolorosa diarrea de la viajante, con toda la dignidad posible, y alternando las intensas y ruidosas lluvias nocturnas con el sofoco de las tardes. Como bien, duermo bien. Todo bien, estad tranquilas/os. (^-^) Douala me ha acogido con los brazos abiertos, yo sólo tengo agradecimientos.
Todos los pensamientos, todas las emociones, todo lo que veo, queda en mí. Para seguir creciendo, espero.
Gracias por el cariño, que sí se siente, que sí me llega aquí, en los ratos más importantes.
La que nos normaliza nuestra
conducta atípica, insensible,
nuestra rutina destructora,
y, lo peor, casi:
autodestructiva.
La costumbre que nos ciega
y nos permite seguir viviendo el día
con relativa tranquilidad.
La que nos hace molesta
cualquier visión de la realidad más allá
de lo que nos apetece ver...
"Si no estamos bien todas, esto no tiene sentido."
"No tiene sentido", me repito.
----
Donde una imagen de coche moderno
se mezcla con mujeres bailando en torno
a un muchacho bien trajeado,
y una imagen de la santa biblia
se cuela en la pantalla, por sorpresa.
Donde no valen las palabras,
sino las acciones de cambio,
donde hay desconfianza
ante lo extranjero, y cierto celo...
Donde hay necesidad, donde hay silencio.
Donde tantas personas han sido
olvidadas,
antes siquiera de haber nacido.
----
A ti que me lees, europea de clase
media. A ti te señalo con el dedo
con cierto odio, con cierta rabia.
Sin ser yo la que habla, siendo
una otra persona cualquiera.
A ti, porque no puedo ya señalar
más alto. Porque mi dedo tiene
un poder limitado de alcance.
Sé que te piensas víctima, mas
desconoces tu poder efectivo.
Te señalo y señalo tus vicios. Tu
hipócrita discurso cuando hablas
de hacer política. Te señalo cuando
hablas de hacer democracia, de
las estructuras, de los tiempos.
Me dirijo a ti, neoburguesa, charlatana.
Me dirijo a ti y te culpo. Sólo por
limar mi rabia, la nuestra. Tu complicidad
tiene un precio. Un precio que tú no
estás viendo ahora, pero que salpica.
Te señalo desde la desesperación
también. Te señalo con la impotencia
de quien se siente atrapada en un
presente que esclaviza y no encuentra
un mañana en el que mantenerse.
Te señalo como un símbolo. Como
para que sepas que sé que eres culpable.
Que tu hazaña no ha pasado desapercibida.
Que te vigilo, desde la distancia, pero
muy cerca al mismo tiempo.
Pero no ha de ser mía la pena,
sino tuya. Que eres consciente
del sufrimiento que conlleva este
sistema, y no eres capaz de ceder
tus beneficios por cambiarlo.
Te señalo con una ira adolescente
de quien no asume que las cosas
no funcionen como debieran...
Desde un dolor profundo al saber,
al ver, que el daño sigue viviendo...
Me dirijo a ti, para decirte
que hay muchos mundos más allá
de tu burbuja. De tu ajetreo de trenes
y trabajos, de currículum y llantos.
Más allá de tu mundo...
Y si yo he podido verlo,
que soy una humana cualquiera,
si yo he podido hacerlo, dar el salto,
de la rabia a la construcción,
de la desesperación al trabajo...
Si yo he podido hacerlo,
no hay excusa posible que
te haga mantener tu condición
de persona opresora...
Me dirijo a ti, como última esperanza,
porque necesito tu fuerza también
para seguir construyendo,
porque las generaciones siguen
sufriendo en sus carnes
dolores evitables...
Y no hay excusa que sostenga
tu teoría, tus palabras.
No hay excusa. No hay excusa.
La necesidad no entiende de excusas.
Y nuestra vida avanza,
y nuestro trabajo permanece.
Sólo el trabajo, el cariño,
la pasión por la propia tarea...
Las palabras vuelan.
Y no hay excusa.
--------------------------
Me perdonáis que escriba en abstracto. Pienso a ratos que es la mejor manera que tengo de transmitir un mensaje, un sentimiento tan intenso. Por aquí el trabajo avanza. Seguiré en Douala esta semana, con distintas tareas pendientes de la organización.
Superada la dolorosa diarrea de la viajante, con toda la dignidad posible, y alternando las intensas y ruidosas lluvias nocturnas con el sofoco de las tardes. Como bien, duermo bien. Todo bien, estad tranquilas/os. (^-^) Douala me ha acogido con los brazos abiertos, yo sólo tengo agradecimientos.
Todos los pensamientos, todas las emociones, todo lo que veo, queda en mí. Para seguir creciendo, espero.
Gracias por el cariño, que sí se siente, que sí me llega aquí, en los ratos más importantes.
Todo lo
que me mandáis, las buenas intenciones y deseos, la fuerza, me llega, y me hace
recordar que estoy haciendo algo que merece la pena...
Os quiero y os tengo siempre presente. Sé que estamos juntas en esto.
Mucho cariño para las españas.
-Isa-
jueves, 19 de septiembre de 2013
Primeros días desde Douala
Una sonrisa reluciente. El blanco resalta sobre el fondo en el que se asienta.
La piel brilla, parece suave. Brilla pero no está envuelta en sudor.
Un compañero me dice que en Balessing puede estar hasta cuatro días sin beber agua. Porque no hace tanto calor.
Yo siempre voy con mi cantimplora. Colgada. Amiga inseparable.
Desde la ventanilla del avión se extiende un manto de estrellas luminosas, separadas entre sí a prudentes distancias. Brillan pero no ahogan. Se extienden hasta donde alcanza mi vista, por todo el horizonte. Es de noche en Douala, la capital económica del país, región del Litoral... Por fin Douala... Se ve precioso, pienso. E imagino qué aventuras me depara esta gran ciudad durante los próximos meses.
Bajar del avión me lleva directa a respirar la ciudad, ese aire denso, tan húmedo que parece que estás respirando agua. La atmósfera es pegajosa, comienzo a sudar sabiendo que no pararé hasta mi regreso a l'Europe. No puedo evitar la comparación con el aeropuerto de Lagos, Nigeria, y sentir las diferencias. Incluso un país vecino del Camerún, como Nigeria, ofrece múltiples diferencias estructurales. Necesario recordar aquello de que 'Áfrika no es un país', necesario siempre recordar que cada división política africana alberga multitud de culturas, con su lengua y tradiciones regionales. Camerún quizás sea el ejemplo más representativo de ello. Once regiones, tres climas distintos, más de doscientas lenguas locales, y distintos grupos étnicos que se mezclan y se extienden por todo el territorio.
Douala es diferente. Pronto me acostumbro a respirar en la densidad. Los paquetes salen por la cinta sin problema. Un joven me ayuda a cargarlos, y me trae un carro. En Mad-Barajas cobraban un euro por él... Un euro, 655-660 FCA. Puedes comprar un paquete de galletas por 60FCA. O una garrafa de 10litros de agua por unos 1000FCA. Depende del distrito o de la zona donde te muevas. Y del tipo de producto, claro. Comprar un Nissan Micra de segunda mano, bastante usado, puede superar los 3000€, 1.965.000 FCA. 'No tenemos industria en Camerún, todo se importa'. Las aduanas son muy caras, y los precios se ven aumentados por la corrupción. Sin embargo, por el centro comercial no paro de ver 4x4 y supercochazos. Douala, ciudad de grandes contrastes. Y en esto supongo que sí se parece a las grandes ciudades africanas. Los mercados locales se mezclan con los edificios de las grandes compañías europeas en la ciudad. Los bancos y los 'MoneyGram' o su competencia 'WesternUnion' anuncian que el dinero que mueve por, desde o hasta Douala. Aún no he visto ninguna persona blanca más, pero seguro que las ha de haber, aunque estén escondidas en sus oficinas.
Uno de los compañeros de la ONG y del piso me explica un poco sobre las relaciones comerciales en el país. Tengo suerte, pienso. Él estudia comercio y relaciones internacionales. Le hago preguntas, siempre desde un interés y un desconocimiento sincero. Quiero conocer qué piensa una persona local de la situación real, actual, de la economía. En la TV, que sólo sintoniza CRTV, la cadena pública del estado, veo a un español (no identifico quién es). Un burócrata de alto standing que ha venido hace poco al país para vender armamento al ejército local. No hace falta que explique lo que sentí, ¿verdad? Mi compañero cree que España está buscando relaciones comerciales en Camerún. Tras la descolonización francesa (inglesa en el norte), comenzaron las relaciones comerciales internacionales. Las compañías europeas asientan sus bases aquí. La población mayoritaria no está formada de forma especializada, no son técnicos/as, luego no pueden generar nuevas industrias tampoco. La educación se orienta a un conglomerado de nociones básicas sobre cultura general. Nada es casual. 'Pero hace cinco años, eso está cambiando'. No pregunto por qué. Se está implementando una educación universitaria más especializada. Aunque la mayoría de las esperanzas se depositan en encontrar un buen puesto de trabajo en una compañía europea, y quizás viajar. Es imprescindible saber idiomas. Al menos inglés y español.
El calor pesa, en especial por la noche. No tengo dónde agarrar la mosquitera, y me arropo con ella, como una manta. Sé que no es efectiva, que así no hace nada, pero no veo otra opción posible. Sudo sin parar, por todos los poros, hasta que por fin me quedo dormida. Me tengo que poner el despertador para levantarme, sorprendente. La habitación es oscura y yo estoy como muy cansada, lenta de movimiento. Creo que es mi proceso de adaptación al sofocón de Douala. Ya me han picado varios mosquitos. Espero con cierta resignación la malaria. Tengo medicamentos para autotratamiento en tal caso, si el antimosquitos tropical no es suficiente. Otro compañero de la ONG me dice que en dos semanas ya me habré adaptado al calor. Yo así lo supongo, por pura supervivencia así ha de ser. Intento llevarlo con dignidad, con mi abanico español que siempre tengo encima.
Siempre hablamos del ritmo distinto que se vive en África. Creedme, bajo ciertas condiciones climáticas, y sin aires acondicionados en las casas, ni en los centros de trabajo, ni sin esos ventiladores que ponen en las terrazas de la Calle Alcalá, es difícil imaginar tan solo el estrés de las ciudades europeas. El cuerpo te pide calma, pensar, hablar, sentarte a debatir... reír y organizar tu día según vaya viniendo el temporal. Por cierto, ahora estamos aún en la estación lluviosa. El calor seco empezará en el invierno español. Son las dos únicas estaciones que hay: húmeda y seca. Para entonces, espero estar bien aclimatada. (^-^)
Estaré en Douala hasta principios de octubre, esperando aquí a otra compañera, para viajar juntas al Oeste, nuestro destino rural, y el objetivo prioritario del proyecto educativo que comenzamos este año. Trataré de conocer las dos escuelas y mejor el orfanato donde puede implantarse aquí en la ciudad. Preparar la formación, compartir experiencias educativas, aplicarlas en los centros... Mucho trabajo, pero a un ritmo adecuado a la situación. La paciencia y la observación pausada es ya una enseñanza, un valor perdido en la Europa de los horarios y las alarmas. Y casi sin querer, sin saberlo, ya estoy aprendiendo.
Los contrastes son tan amplios que podría estarme una vida entera reflexionando sobre ellos. Y vuelvo a hacer hincapié en que lo importante no es lo mucho o poco que pueda aportar aquí, sino el trabajo bidireccional, el cambio de estructura allí, desde donde me leéis, donde vivís ahora. Hay tanto de lo que aprender aquí... el mundo es global y nadie puede decirnos lo contrario. Las relaciones son complejas, todo está tan unido... Sólo espero tener la lucidez suficiente, y el bienestar físico como para seguir cumpliendo los días con más aprendizaje, tornarme cada vez más sabia para poder seguir aprendiendo... y nunca pensar que he alcanzado la meta. Son los objetivos pequeños los que vamos cumpliendo, pero la meta, mi horizonte último, me mantiene alerta, despierta para seguir avanzando en su dirección.
'Tu pars...?' (¿Te vas?) Me dice una niña nada más entrar al orfanato que visité en Douala. Soy blanca, como las otras voluntarias. Ellas estuvieron, y se han marchado. Por eso, nada más verme, ya saben que me iré, y parece que eso les pesa en nuestro encuentro. (Algo igual me ocurrió en el orfanato de Nigeria, es impactante para mí...) 'Non... je vais rester ici pour neuf mois', intento justificar. Pero claro, marcharé. Y, aunque suene raro, yo también sé que marcharé, y eso me ayuda a tornar mi horizonte un poco más claro. Es el primer trabajo de cooperación de tanta duración al que me enfrento. Nueve meses no es nada, en términos generales. Pero sí son, para una persona como yo en un lugar como éste.Son tiempo de aprendizaje y de trabajo, también de disfrute. Un tiempo suficiente. No en general, tampoco. Sí para mí, al menos para comenzar. Y aunque seguiré siendo 'la blanche', confío en mis posibilidades, las nuestras. Y aunque partiré, por ahora estoy aquí, y voy a tratar de hacerlo lo mejor posible.
Gracias, muchas, por el cariño, el calor, el apoyo, la energía que me mandáis. Soy muy afortunada, de verdad.
Os quiero mucho, desde Douala.
-Isa-
La piel brilla, parece suave. Brilla pero no está envuelta en sudor.
Un compañero me dice que en Balessing puede estar hasta cuatro días sin beber agua. Porque no hace tanto calor.
Yo siempre voy con mi cantimplora. Colgada. Amiga inseparable.
Desde la ventanilla del avión se extiende un manto de estrellas luminosas, separadas entre sí a prudentes distancias. Brillan pero no ahogan. Se extienden hasta donde alcanza mi vista, por todo el horizonte. Es de noche en Douala, la capital económica del país, región del Litoral... Por fin Douala... Se ve precioso, pienso. E imagino qué aventuras me depara esta gran ciudad durante los próximos meses.
Bajar del avión me lleva directa a respirar la ciudad, ese aire denso, tan húmedo que parece que estás respirando agua. La atmósfera es pegajosa, comienzo a sudar sabiendo que no pararé hasta mi regreso a l'Europe. No puedo evitar la comparación con el aeropuerto de Lagos, Nigeria, y sentir las diferencias. Incluso un país vecino del Camerún, como Nigeria, ofrece múltiples diferencias estructurales. Necesario recordar aquello de que 'Áfrika no es un país', necesario siempre recordar que cada división política africana alberga multitud de culturas, con su lengua y tradiciones regionales. Camerún quizás sea el ejemplo más representativo de ello. Once regiones, tres climas distintos, más de doscientas lenguas locales, y distintos grupos étnicos que se mezclan y se extienden por todo el territorio.
Douala es diferente. Pronto me acostumbro a respirar en la densidad. Los paquetes salen por la cinta sin problema. Un joven me ayuda a cargarlos, y me trae un carro. En Mad-Barajas cobraban un euro por él... Un euro, 655-660 FCA. Puedes comprar un paquete de galletas por 60FCA. O una garrafa de 10litros de agua por unos 1000FCA. Depende del distrito o de la zona donde te muevas. Y del tipo de producto, claro. Comprar un Nissan Micra de segunda mano, bastante usado, puede superar los 3000€, 1.965.000 FCA. 'No tenemos industria en Camerún, todo se importa'. Las aduanas son muy caras, y los precios se ven aumentados por la corrupción. Sin embargo, por el centro comercial no paro de ver 4x4 y supercochazos. Douala, ciudad de grandes contrastes. Y en esto supongo que sí se parece a las grandes ciudades africanas. Los mercados locales se mezclan con los edificios de las grandes compañías europeas en la ciudad. Los bancos y los 'MoneyGram' o su competencia 'WesternUnion' anuncian que el dinero que mueve por, desde o hasta Douala. Aún no he visto ninguna persona blanca más, pero seguro que las ha de haber, aunque estén escondidas en sus oficinas.
Uno de los compañeros de la ONG y del piso me explica un poco sobre las relaciones comerciales en el país. Tengo suerte, pienso. Él estudia comercio y relaciones internacionales. Le hago preguntas, siempre desde un interés y un desconocimiento sincero. Quiero conocer qué piensa una persona local de la situación real, actual, de la economía. En la TV, que sólo sintoniza CRTV, la cadena pública del estado, veo a un español (no identifico quién es). Un burócrata de alto standing que ha venido hace poco al país para vender armamento al ejército local. No hace falta que explique lo que sentí, ¿verdad? Mi compañero cree que España está buscando relaciones comerciales en Camerún. Tras la descolonización francesa (inglesa en el norte), comenzaron las relaciones comerciales internacionales. Las compañías europeas asientan sus bases aquí. La población mayoritaria no está formada de forma especializada, no son técnicos/as, luego no pueden generar nuevas industrias tampoco. La educación se orienta a un conglomerado de nociones básicas sobre cultura general. Nada es casual. 'Pero hace cinco años, eso está cambiando'. No pregunto por qué. Se está implementando una educación universitaria más especializada. Aunque la mayoría de las esperanzas se depositan en encontrar un buen puesto de trabajo en una compañía europea, y quizás viajar. Es imprescindible saber idiomas. Al menos inglés y español.
El calor pesa, en especial por la noche. No tengo dónde agarrar la mosquitera, y me arropo con ella, como una manta. Sé que no es efectiva, que así no hace nada, pero no veo otra opción posible. Sudo sin parar, por todos los poros, hasta que por fin me quedo dormida. Me tengo que poner el despertador para levantarme, sorprendente. La habitación es oscura y yo estoy como muy cansada, lenta de movimiento. Creo que es mi proceso de adaptación al sofocón de Douala. Ya me han picado varios mosquitos. Espero con cierta resignación la malaria. Tengo medicamentos para autotratamiento en tal caso, si el antimosquitos tropical no es suficiente. Otro compañero de la ONG me dice que en dos semanas ya me habré adaptado al calor. Yo así lo supongo, por pura supervivencia así ha de ser. Intento llevarlo con dignidad, con mi abanico español que siempre tengo encima.
Siempre hablamos del ritmo distinto que se vive en África. Creedme, bajo ciertas condiciones climáticas, y sin aires acondicionados en las casas, ni en los centros de trabajo, ni sin esos ventiladores que ponen en las terrazas de la Calle Alcalá, es difícil imaginar tan solo el estrés de las ciudades europeas. El cuerpo te pide calma, pensar, hablar, sentarte a debatir... reír y organizar tu día según vaya viniendo el temporal. Por cierto, ahora estamos aún en la estación lluviosa. El calor seco empezará en el invierno español. Son las dos únicas estaciones que hay: húmeda y seca. Para entonces, espero estar bien aclimatada. (^-^)
Estaré en Douala hasta principios de octubre, esperando aquí a otra compañera, para viajar juntas al Oeste, nuestro destino rural, y el objetivo prioritario del proyecto educativo que comenzamos este año. Trataré de conocer las dos escuelas y mejor el orfanato donde puede implantarse aquí en la ciudad. Preparar la formación, compartir experiencias educativas, aplicarlas en los centros... Mucho trabajo, pero a un ritmo adecuado a la situación. La paciencia y la observación pausada es ya una enseñanza, un valor perdido en la Europa de los horarios y las alarmas. Y casi sin querer, sin saberlo, ya estoy aprendiendo.
Los contrastes son tan amplios que podría estarme una vida entera reflexionando sobre ellos. Y vuelvo a hacer hincapié en que lo importante no es lo mucho o poco que pueda aportar aquí, sino el trabajo bidireccional, el cambio de estructura allí, desde donde me leéis, donde vivís ahora. Hay tanto de lo que aprender aquí... el mundo es global y nadie puede decirnos lo contrario. Las relaciones son complejas, todo está tan unido... Sólo espero tener la lucidez suficiente, y el bienestar físico como para seguir cumpliendo los días con más aprendizaje, tornarme cada vez más sabia para poder seguir aprendiendo... y nunca pensar que he alcanzado la meta. Son los objetivos pequeños los que vamos cumpliendo, pero la meta, mi horizonte último, me mantiene alerta, despierta para seguir avanzando en su dirección.
'Tu pars...?' (¿Te vas?) Me dice una niña nada más entrar al orfanato que visité en Douala. Soy blanca, como las otras voluntarias. Ellas estuvieron, y se han marchado. Por eso, nada más verme, ya saben que me iré, y parece que eso les pesa en nuestro encuentro. (Algo igual me ocurrió en el orfanato de Nigeria, es impactante para mí...) 'Non... je vais rester ici pour neuf mois', intento justificar. Pero claro, marcharé. Y, aunque suene raro, yo también sé que marcharé, y eso me ayuda a tornar mi horizonte un poco más claro. Es el primer trabajo de cooperación de tanta duración al que me enfrento. Nueve meses no es nada, en términos generales. Pero sí son, para una persona como yo en un lugar como éste.Son tiempo de aprendizaje y de trabajo, también de disfrute. Un tiempo suficiente. No en general, tampoco. Sí para mí, al menos para comenzar. Y aunque seguiré siendo 'la blanche', confío en mis posibilidades, las nuestras. Y aunque partiré, por ahora estoy aquí, y voy a tratar de hacerlo lo mejor posible.
Gracias, muchas, por el cariño, el calor, el apoyo, la energía que me mandáis. Soy muy afortunada, de verdad.
Os quiero mucho, desde Douala.
-Isa-
domingo, 8 de septiembre de 2013
A una semana del vuelo
A una semana del vuelo una comienza a sentir más cada detalle, la mirada se vuelve más intensa, cambia la perspectiva de algunos problemillas rutinarios.
A una semana del vuelo dejas de prestar atención a ciertas cosas, porque necesitas estar centrada en un trabajo claro, y no quieres distracciones, quieres estar tranquila.
A una semana del vuelo me siento con fuerza suficiente para afrontar este proyecto y para asumir la responsabilidad que yo misma he decidido tener.
Y siento que ya he dicho muchas cosas, que he hablado lo suficiente, que lo que quiero es vivir esta experiencia y alcanzar los objetivos mínimos planteados.
Y también me siento muy arropada, sé que hay personas que esperan mi llegada en Balessing, personas que esperan que este curso escolar traiga cambios positivos a distintos niveles. Y personas que me esperarán a mi vuelta, y que, aunque echarán de menos no abrazarnos durante este tiempo -como yo-, comprenden, una vez más, la importancia de que siga poniendo en práctica aquello en lo que creo.
A una semana del vuelo me siento con la confianza suficiente como para emprender este camino. Mi motivación es clara, y la necesidad no entiende de retrasos ni de dudas.
Espero que esta semana pueda seguir disfrutando de cada momento con vosotras/os, contigo. Gracias por comprender este momento, y por arroparme a cada rato con buenos deseos y tanto cariño.
Gracias a las compañeras/os de Afrik'Hope España por su apoyo y trabajo previo, y por sus mensajes de ánimo y fuerza. Y gracias a quienes desde Afrik'Hope Cameroun me escriben para recordarme que me esperan.
Gracias a la familia (más allá de la biológica, ya sabéis), por darme fuerza para seguir emprendiendo este proyecto, y los que estén por venir... porque superáis el 'echar de menos' por 'tratar de cambiar las cosas'. Y sé que a veces se hace difícil... Gracias a mis amigas/os, por vuestro calor, por encontrarnos en momentos oportunos y generar climas tan especiales. Gracias a las compañeras/os del barrio, que estos días me han llenado de abrazos y de fuerza. Gracias a todas las personas que, de un modo u otro, me habéis apoyado en esto, en la recogida de material, en su distribución, en la organización del proyecto...
Gracias por quererme y apoyarme. Por darme abrazos cuando más sensible estoy, y por reforzar la confianza en que lo que hago no sólo es bueno para mí, sino también justo.
No estoy sola, no estamos solas/os. Estamos juntas/os en esto, bien lo sabemos. Y vamos a trabajar de la mejor manera que sabemos, aprendiendo y reaprendiendo a cada rato.
A una semana del viaje, con mucha ilusión y dispuesta a trabajar bien.

domingo, 4 de agosto de 2013
Cuando la escuela es el viaje...
En el rincón del planeta donde he pasado más tiempo de mi vida, pronto nos mostraron que 'la escuela' era el templo a venerar si una quería salir de la ignorancia. Fracaso escolar supondría marginación social en el futuro de las alumnas/os. Expediente escolar brillante supondría plena realización social y personal.
'La universidad' sería el siguiente templo al que rendirse, sin cuestionarse alternativas. El 'desarrollo curricular' de la persona estudiante incluye, ¡cómo dudarlo!, seis o siete años de pertenencia a los círculos universitarios. Y luego... ya habrá tiempo para las lamentaciones.
Una constante anulación del presente nos ha pesado a muchas. 'He de hacer esto para luego poder hacer esta otra formación...', 'Si no tengo este título, no puedo conseguir esta otra cosa...' Proyecciones hacia un futuro (bastante incierto, cada vez más) desde que somos casi bebés. La niña/o escolarizada/o pierde su identidad como persona. Sólo se le pregunta cómo lleva el cole, qué quiere 'ser' (profesión) de mayor, o qué asignatura le gusta más. No hay espacio para una identidad más allá de la estructura escolar.
Aprender es básico. Para la supervivencia, para la estabilidad emocional, para relacionarnos con el medio, para el crecimiento personal... para mil historias más. ¿Pero cómo? Siempre el viejo dilema del enfoque del aprendizaje... La estructura escolar, y hablo por mi experiencia, me ha enseñado, casi en su mayoría, datos acumulables (y fáciles de olvidar). También me ha enseñado algunas estructuras de comprensión de la realidad, todo sea dicho. ¡¡Pero cómo repetir que lo útil, lo práctico, lo que me proporciona cierta felicidad, se ha hallado fuera de ella!! (...)
Para críticas del sistema educativo, otros espacios habrá. Las carencias relucen desde lejos. La exclusión de las minorías se agrava y en los distintos estratos sociales cada vez estamos más separadas unas de otras/os. Pero... de esto podemos hablar otro día. Yo reivindico la enseñanza pública universal (¡suena a idealismo, ahora, ¿verdad?), una enseñanza por definir y estructurar, en especial en valores (pues parece que la estructura de los contenidos está ya muy bien definida). Una enseñanza que se materializa en escuelas, en mesas y sillas, en recursos materiales para todas las niñas/os, todas/os. Es imposible replantear las bases de la educación universal sin atacar de fondo las bases económicas actuales. Y hemos de ser conscientes de que la profunda desigualdad es la base. Si no hay visión global, estamos dando una educación sesgada, muy limitada al afrontamiento de las problemáticas reales. Y una educación etnocentrista en este rinconcito, es una injusticia que se perpetúa en muchos otros. Así en abstracto suena a 'esto ya lo he oído', pero todas las niñas/os están muy lejos de esa abstracción, tienen problemas y sacrificios reales.
Reivindico el trabajo por una escuela libre (¡¡ponte a definir 'libre' ahora!!). Libre de influencias económicas, políticas, religiosas, o cualquier otra influencia lucrativa. Una escuela que asuma sus déficits y salga a buscar las soluciones a los problemas que genera. Una escuela que entienda que sólo viviendo distintos contextos es posible tomar una perspectiva más amplia.
Apuesto por el aprendizaje en el viaje. Una puede dar vueltas a un mismo problema durante largo tiempo. Incluso puede darse vueltas al mismo problema durante siglos, por distintas generaciones de humanas/os. Hacerlo y sentirse agotada/o, sin darse cuenta de que estaba enfocándolo siempre de la misma manera. Sólo cuando una sale de la cajita del rincón donde siempre ha pensado y vivido, se le aparece un nuevo enfoque, una nueva perspectiva que puede darle solución a tal problema... o descubrirle que, aunque tenía forma de problema, en realidad no lo era.
Emplear nuevas herramientas, nuevas miradas, nuevas actitudes ante situaciones similares. Conocer y sumergirse en otra forma de acercarse a la realidad. Viajar, pero no como quien viaja para volver a su punto de partida, sino viajar para aprender del presente como no habías aprendido antes... viajar para vivir, hacer del viaje la propia 'esencia' de estar viviendo.
Cansada de escuchar charlatanes que saben de todo sin siquiera tener conciencia de que están metidos/as en su cajita, en este rincón del planeta, y en este tiempo histórico. Despreocupados/as por la falta de perspectiva, anunciado discursos como si fueran verdaderos axiomas. Cansada de escuchar a gente hablar de todo y opinar de todo, aunque no tengan cercanía con el tema... ¿Todo el mundo tiene derecho a opinar? Todo, claro. Pero, ¡ojo! Que no todo vale. Caer en el relativismo es fácil. Cuidadín. Es preciso aprender mucho, vivir mucho, viajar mucho, conocer muchas realidades... escuchar y observar mucho... Es preciso cuestionar el propio aprendizaje, el proceso, los contenidos... Es preciso valorar con admiración otras opciones, que a veces por estar alejadas producen cierto pánico desde nuestra esquinita.
La arrogancia y la soberbia se quitan cuando sales, cuando eres tú la extraña, tú la minoría. Señoras/os, un poquito de humildad, que a veces el viaje no hay que hacerlo tan lejos para ver de lo que hablo...
[Oriento mis días para seguir pagando billetes de avión. O lo que surja. Y no valen excusas, cada una a su lucha con sus sacrificios y sus placeres.]
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